«Ni elevando el gasto puedes evitar que caigan piedras así»

R. M. GIJÓN.

Asturias y León están unidos por una vía simple, inaugurada en 1884, y que es todo un reto para ingenieros y operarios de mantenimiento. La rampa ferroviaria es el tramo más complicado de conducir, como saben bien los maquinistas del país. La pendiente es tal que en tiempos de las locomotoras de vapor los profesionales tenían que clavar la pala en las paredes de los túneles para verificar si efectivamente estaban avanzando o resbalando hacia atrás.

Los recortes en mantenimiento en un trazado tan precario han obligado a salpimentar la rampa de limitaciones temporales de velocidad. Son en total diez puntos negros donde el tren debe aminorar, en ocasiones hasta los 30 kilómetros por hora. Los motivos son el mal estado de la vía, problemas con la trinchera y afecciones en las bóvedas. «El puerto es un peligro, sobre todo cuando llueve o hay nieve; hace unos años ya tuvimos una caída de rocas como estas en Malvedo que dañaron una locomotora 251», cuenta uno de los profesionales encargados de su mantenimiento. Los ferroviarios llevan años lamentando la escasa inversión en conservación, pero admiten que «ni elevando el gasto puedes evitar que con esas laderas se caigan piedras que llevan siglos ahí puestas».

 

Fotos

Vídeos