«Esta enfermedad es una mierda, pero hay que intentar ser positivo»

Pablo Casais Martín se recupera de un sarcoma de Ewing en su habitación del HUCA. /Foto cedida por la familia de Pablo
Pablo Casais Martín se recupera de un sarcoma de Ewing en su habitación del HUCA. / Foto cedida por la familia de Pablo

«El camino no es corto y en la lucha te das cuenta de cómo es la vida en realidad», reflexiona el joven Pablo Casais Martín, aquejado de un sarcoma de Ewing

EUGENIA GARCÍA

Con las vacaciones por delante, a punto de terminar el curso, la orientadora de su instituto le habló de la Asociación Galbán y le propuso convertirse en voluntario a partir de septiembre. Dijo que sí, pero en agosto le diagnosticaron sarcoma de Ewing.

Hasta entonces, Pablo Casais (Gijón, 2001) era «un chico normal» que al terminar las clases notó unas molestias a las que no dio importancia «porque soy bastante deportista y con mis amigos hacía mucho el gamba por ahí». Como cualquier adolescente pasó el verano en bici entre playa, piscina y fiestas. «Comencé a tener unos dolores insoportables y me hicieron una radiografía de cadera, pensando que apoyaba mal el pie o que cargaba la pierna. Me dieron calmantes... pero no mejoraba», relata desde su habitación de la séptima planta B del HUCA, donde se recupera de la intervención por la que sustituyeron su hueso del fémur por uno de titanio. Cuando la fisioterapeuta que trataba de descargarle la supuesta contractura le hizo una punción, cuenta, «me dolió tanto que empezó a pensar que era algo más». Fue al hospital y le volvieron a dar el mismo diagnóstico.

«El día de Begoña salí de fiesta y a las cinco de la mañana empecé con un dolor insoportable que subía a las lumbares y les pedí a mis amigos que me llevaran a casa. Volvimos a Cabueñes y mi madre, al ver que sufría tanto se empeñó en que me hicieran una radiografía».

De su fémur crecía una masa negra de unos treinta centímetros. «No me querían decir lo que pasaba, pero sabía que si me ingresaban no era una contractura, así que al tener 16 años exigí que me dijeran lo que tenía, una enfermedad que tiene nombre y apellidos, sarcoma de Edwin», rememora. El impacto fue brutal: «No tenía ni idea, no entendía nada». «Era -y subraya el verbo en pasado- de los que relacionaba cáncer con muerte. Pensaba que era pasarlas putas durante unos meses y después morir».

Le trasladaron en ambulancia al HUCA y comenzaron las pruebas: resonancias, TAC, biopsias... que confirmaron el diagnóstico. Una vez se difuminó el 'shock' inicial y la realidad comenzó a abrirse paso, «lo primero que piensas es ¿por qué a mi?». Después, «cuando asumes que es lo que te ha tocado, creo que hay dos formas de llevarlo, porque la enfermedad es una mierda y puedes sentirte como tal o intentar ser positivo». El joven reconoce que «lo más fácil es abandonarlo todo y dejarte llevar». Confiesa que estuvo tentado, pero «he tenido mucho apoyo de mis amigos y mi familia».

«La quimio me machacó, literalmente». Pero afortunadamente, funcionó. «Compactó el tumor y lo redujo casi un 100%, pero al ser cáncer de huesos seguía habiendo restos de células, por lo que hace doce días me operaron». Confía en «estar libre» en junio porque tiene muchos planes: acabar la Secundaria, estudiar auxiliar de Farmacia y hacerse voluntario de Galbán para transmitirles a los niños como él que «aunque el camino nunca va a ser corto y esto es una lucha, te das cuenta de cómo es la vida en realidad». El cáncer, defiende, «no debería ser tabú. Lo que es es una gran putada».

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