«La imagen fuera de contexto de un mono con electrodos ha hecho mucho daño»

Lluis Montoliu, en la Universidad de Oviedo. / PABLO LORENZANA
Lluis Montoliu, en la Universidad de Oviedo. / PABLO LORENZANA

«Contar con animales en una investigación es un privilegio, pero eso no quiere decir que podamos hacer todo lo que queramos con ellos»

DANI BUSTOOVIEDO.

De ratones y humanos sabe mucho Lluis Montoliu (Barcelona, 1963). Más concretamente, de los genes de ambas especies. Con más de treinta años de experiencia en la investigación con animales, este doctor en Biología e investigador del CSIC impartió ayer en el campus de El Cristo, en Oviedo, un seminario sobre 'Transparencia y responsabilidad en experimentación animal', en el que desgranó las posibles aplicaciones de estas investigaciones y los límites con los que se encuentran los científicos.

-La experimentación con animales es una tema que puede generar controversia.

-Es un tema sensible para la sociedad, porque nadie quiere dañar a los animales. Nadie quiere que se utilicen sin ningún control. Es importante explicar a la población que los animales están protegidos por ley y que nuestro ordenamiento jurídico se encarga de controlar que solamente se utilicen animales en investigación cuando sea exclusivamente necesario. Solo tras elaborar un documento, justificar su utilización y conseguir la aprobación de tres comités distintos, al cabo de unos meses, el investigador puede hacer un experimento con el animal.

-¿Cuáles son los límites de experimentación con animales?

-Por ejemplo, aquellos experimentos en los que ya hay datos suficientes, que se han obtenido anteriormente y que se pueden consultar en bases de datos. O en el caso de que suponga una agresión o dolor a los animales. Eso no está justificado bajo ningún concepto. Todo tiene que ponerse dentro de un tamiz de dolor-beneficio. Llevo más de treinta años trabajando con animales y había experimentos que, actualmente, no serían aprobados, porque tenemos otras soluciones.

-¿Por ejemplo?

-Hay experimentos que ya se pueden resolver usando sistemas de cultivo de células. Contar con animales en una investigación es un privilegio, porque pasan tres o cuatro meses entre que uno lo propone y consigue el permiso para realizar el experimento. Pero eso no quiere decir que podamos hacer todo lo que queramos con ellos.

-¿Cuándo son necesarios estos experimentos?

-Una de las aplicaciones más frecuentes es en el trabajo con enfermedades raras. Es muy difícil llegar a entender cuál es el origen de esa enfermedad y cómo se establece, porque los médicos tienen pocos pacientes que observar. Una manera de resolver esta limitación es desarrollar un modelo animal de la enfermedad, por ejemplo en un ratón, que tiene genes muy parecidos a los nuestros. A partir de esa población de ratones que se crea, se puede investigar, hacer pruebas y aprender qué es lo que le puede estar pasando al paciente.

-Parece todo muy alejado de esa imagen del 'perro de Pavlov' que se estudiaba en los colegios...

-Claro, las imágenes a veces han hecho mucho daño. Con la imagen de un mono con electrodos en la cabeza y una foto tomada fuera de contexto se puede dar la sensación de que ese animal está sufriendo y se puede trasladar a la opinión pública la idea de que ¿quién quiere ver sufrir a ese animal? Pues nadie. Yo soy el primero que no quiere, y si pudiera hacer los experimentos que hago sin utilizar animales, sería el primero en apuntarme, pero es que sigue siendo necesario. Por eso es tan importante la transparencia.

-¿Qué resultados se han obtenido con este tipo de investigaciones?

-Los ratones tienen el mismo número de genes que los humanos, unos veinte mil, y de muchos de ellos no sabíamos cuál era su función ni sabíamos lo que pasaba cuando dejaban de funcionar correctamente. Ahora lo sabemos gracias a que hemos generado estas mutaciones en los correspondientes genes del ratón. Y con estrategias novedosas, como el CRISPR, se han podido desarrollar tratamientos para enfermedades como la distrofia muscular de Duchenne, para enfermedades como la retinosis pigmentaria y para deficiencias metabólicas. Después, todo esto se traslada al paciente cuando sea eficaz, pero sobre todo, cuando sea seguro. No podemos ofrecer a un paciente un tratamiento que va a hacerle más daño del que queremos resolver.

-¿Hacia dónde van las líneas de investigación en el futuro?

-Las enfermedades de bases genéticas, producidas por cambios en el material genético, de ADN, pueden reproducirse y estudiarse en animales para desarrollar terapias. Las enfermedades raras vuelven a ser las más indicadas, porque más del 80% de ellas están causadas por alteraciones genéticas. Muchas de ellas no sabíamos cómo estudiarlas y gracias al uso de animales hemos podido desarrollar las investigaciones.

Un grado «con futuro»

-En Asturias, el grado de Biotecnología tiene una de las notas de corte más altas este año.

-No conozco el caso particular de Asturias, pero sí el de otras universidades españolas. Otros investigadores y yo nos nutrimos de muchos biotecnólogos. Son extraordinarios, bien formados, y es una de las disciplinas con mayor futuro. La nota de corte es muy alta, hay mucha demanda. En estos momentos, tiene futuro tanto en biotecnología vegetal, animal, médica, microbiana, marina... hay muchas derivaciones, que están basadas en los avances científicos que se han ido produciendo en los últimos años.