El envejecimiento lleva a Asturias a liderar la tasa de suicidios con 134 casos al año

El envejecimiento lleva a Asturias a liderar la tasa de suicidios con 134 casos al año

Los expertos reclaman la inversión que se comprometió en 2005: «Es posible modificar esta tendencia, pero necesitamos medios»

EUGENIA GARCÍAGIJÓN.

Una muerte prácticamente cada tres días, 134 en apenas un año. Unos datos que vuelven a situar a Asturias a la cabeza de un dramático 'ranking', el de las provincias con mayor tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes. Históricamente, la región ha sido una de las comunidades con mayor tasa de suicidios consumados y, desde el año pasado, cuenta con un plan de prevención impulsado por el Servicio de Salud del Principado y elaborado por un grupo multidisciplinar de trabajo que se encuentra, actualmente, en fase de evaluación.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en 2017 -último año del que se tienen datos- se quitaron la vida 3.679 personas en todo el país. Esto implica diez suicidios al día, uno cada dos horas y media. Por cada víctima de violencia de género se registran 72 muertes por suicidio; por cada homicidio, 11; y por cada fallecimiento en accidente de tráfico, dos. Es la principal causa externa de muerte en España. Y, sin embargo, lamenta el psiquiatra Julio Bobes, «las medidas que hemos tomado no modifican la tendencia. Si seguimos con las tasas de hace diez o quince años, está claro que con lo que tenemos no podemos modificar esto». Este especialista se muestra convencido de que «es posible minorar estas tasas, pero para ello necesitamos más medios, mejor planificación, mayor participación de los profesionales y mayor sensibilización que empiece en el colegio».

Entre los profesionales es patente el deseo de escapar de esta fotografía crónica y se muestran optimistas al respecto, pero recuerdan que sin inversión, no hay mejoras . «La estrategia europea decía que había que invertir más en salud mental, porque apenas se dedicaba el 5% del total. Si invertimos lo mismo, los números no cambian». Son, eso sí, cada vez más molestos. «Hay una mayor conciencia y exigencia social. Por ejemplo, se ha logrado bajar las tasas de muertes por accidentes de tráfico, pero no las del suicidio».

En Asturias, especialmente en el suroccidente, confluyen determinados factores que agravan el problema más que en otras regiones. Los movimientos migratorios, la progresiva despoblación y el consiguiente envejecimiento de los residentes hacen del Principado una zona más «suicidógena» que otras, con un mayor riesgo de que la tendencia suicida cuaje entre los ciudadanos. «Marchan los más jóvenes, los sanos y competentes, pero los enfermos y vulnerables se quedan, por lo que cada vez pesa más la bolsa de enfermos graves».

El riesgo, alerta el Observatorio del Suicidio, aumenta con la edad. En el ámbito nacional, la mayor tasa de suicidios por edades se da en mayores de 79 años (18,18 por 100.000 habitantes), seguido de personas entre 70 y 79 años (12,61). Entre los mayores de 60 se producen 9,65 suicidios por cada 100.000 habitantes, según los últimos datos del INE.

Son varios los perfiles que en Asturias alimentan esas cifras, siendo el principal el de individuos con enfermedades cronificadas, somáticas o mentales. Estas afectan de manera especial a las personas de edad avanzada; estas afecciones les pesan y limitan sustancialmente su grado de capacidad. Prácticamente un 95% de las muertes por suicidio se deben a enfermedades mentales graves, en las que el riesgo suicida es mayor, por lo que estos pacientes «deberían tener preferencia para ser no solo atendidos sino monitorizados».

También afecta a ancianos o «personas en involución cuya decisión no se debe tanto a una enfermedad sino que se basa en un balance existencial» y, por último, a los jóvenes. En estos influyen «la psicosis que aparece en la adolescencia y la vida adulta y el abuso de sustancias».

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