El examen de auxiliar de enfermería, «accesible» y con una pregunta repetida

La organizada cola que se formó, ya dentro del recinto ferial, para acceder a una de las aulas, que abrieron sus puertas a las diez./C. SANTOS
La organizada cola que se formó, ya dentro del recinto ferial, para acceder a una de las aulas, que abrieron sus puertas a las diez. / C. SANTOS

Las escasas incidencias se debieron a errores en el registro que fueron subsanados | Interinos veteranos, jóvenes eventuales y parados no sanitarios se enfrentaron a una prueba «sencilla»

E. GARCÍA / A. COLLADOGIJÓN.

Folios llenos de apuntes, tacos de simulacros de tests corregidos y muchos nervios convivían en el recinto ferial Luis Adaro con la tranquilidad de quienes iban solo «por probar» y la resignación de aquellos que, sabedores de la dificultad de lograr un puesto fijo, esperaban aprobar para rascar algún punto de cara a la próxima convocatoria, «aunque visto lo que tardó esta quién sabe cuándo llegará» otra, apuntaba la ovetense Laura Cabrejas.

Entre los candidatos a uno de los 799 puestos de auxiliar de enfermería había de todo, pero abundaban los interinos de larga duración con puntuación suficiente para lograr consolidar su empleo si la suerte les acompañaba. Porque con 54, aseguraba Rufina Sánchez, una de las primeras en salir del examen, «no retienes» como a los 27 de Natalia Soto, que aunque no llevaba mucho tiempo preparándolo se defendió «bastante bien». «Yo aprobé la oposición del Insalud en el año 2003, pero no tenía puntos suficientes. Ahora tengo 19 pero no pude estudiar mucho», lamentaba la veterana; mientras la más joven, eventual desde hace seis años, se presentaba «simplemente para pasar el corte a ver si me dan unas décimas».

Eso sí, salvo las preguntas de legislación, «algunas más rebuscadas y con ciertos enunciados confusos», tanto jóvenes eventuales como interinos veteranos coincidieron en que la prueba no tuvo gran dificultad. Al contrario, para la mayoría «fue bastante asequible». «Estaba claro que esta era una oposición sencilla de consolidación de empleo para la gente que lleva muchos años», resumía Blanca Gayo a la salida, con los ocho folios del cuestionario aún en la mano.

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¿En qué órgano se establecen los planes de salud conjuntos entre el Estado y las comunidades autónomas? ¿Cuál es el principal órgano implicado en el metabolismo de los medicamentos? Estas y otras 76 -tras la anulación de la pregunta 76, que aparecía repetida- fueron las cuestiones a las que tuvieron que hacer frente los 6.415 aspirantes que a orillas del Piles se jugaban un puesto fijo en la Administración. Algunos, como Begoña Sariego, interina desde 2004, se prepararon en casa, «sin academia y haciendo muchos test». Otros, como la gijonesa Natalia Méndez -quien hasta ahora nunca trabajó en el Sespa-, en clases organizadas.

María García salió bastante contenta de una prueba para la que no estudió bien. Su trabajo en Alimerka no deja mucho margen al estudio. «Vine a echar la lotería», resumía. Sí trabaja en el sector, aunque en una residencia privada y como gerocultura, Isabel Roza. «Hubo alguna pregunta rebuscadilla y con trampa, que te hacía dudar mucho», explicaba. Su objetivo es, como el de muchos, «ir rascando algún punto» para conseguir la plaza en el futuro.

Veintidós años lleva Pilar Fernández de interina en el Valle del Nalón. «No fue difícil, pero sí algo enrevesado. Aún no entiendo por qué nos meten tanta legislación. Tengo muchos puntos, pero si no apruebo no hay nada que hacer», reflexionaba.

Salvo algunas incidencias debidas a errores en el registro que fueron rápidamente subsanados, los aspirantes se mostraron satisfechos por la organización, aunque no faltaron críticos como Merche Hevia, quien lamentó que «volvieron a meter a la gente pegada, sin apenas espacio». Ella fue a probar suerte. Por la tasa de 6,97 euros que hay que pagar para presentarse al examen «merece la pena».