La factura de los libros de texto varía hasta en 200 euros en función del centro escolar

Alumnos, entrando al colegio Fozaneldi de Oviedo. / ÁLEX PIÑA
Alumnos, entrando al colegio Fozaneldi de Oviedo. / ÁLEX PIÑA

Las familias tendrán que pagar entre 40 y 70 euros más por un material que a veces sorprende hasta a los libreros: «Un colegio les pedía 350 cartulinas»

LAURA MAYORDOMOGIJÓN.

Los hay previsores. Los que encargan, e incluso se llevan, los libros de texto del próximo curso a finales de junio, recién concluidas las clases. Y los hay procastinadores. Los que lo dejan para el último minuto y aún a estas alturas -el curso en Infantil y Primaria empieza el 10 de septiembre- están reservando los manuales con los que sus hijos estudiarán a partir del próximo mes de septiembre. En la librería Roy de Gijón llevan días atendiendo a clientes que se encuadran en este último grupo. Con el riesgo, advierte Enrique López, de que «cuanto más avanzado el verano, más problemas suele haber» para conseguir determinados libros.

La premura o el retraso en la adquisición de los manuales no influye en el desembolso final. Este depende exclusivamente del colegio. Porque incluso entre los que componen la red pública hay diferencias abultadas. Es fácil hacer esa comparativa en los concejos grandes, como Oviedo, Gijón y Avilés, donde hay centros que, en la etapa de Primaria, priman el trabajo por proyectos y resuelven el curso con apenas tres o cuatro manuales. Ahí, la factura de los libros de texto apenas ronda los 100 euros (material escolar al margen). Por el contrario, hay centros, también públicos, en los que el desembolso llega a triplicar esa cifra. «Por ejemplo, en los que están introduciendo el programa bilingüe en algunas asignaturas pero te piden los dos libros, en inglés y en español», cuentan en otra librería en la que los pedidos de libros de texto se acumulan estos días. Con todo, la factura media para un alumno de Primaria ronda los 250 euros. En Secundaria, apuntan los libreros, pasa exactamente igual. El precio medio está puede situarse «entre los 250 y los 300 euros», pero dependerá en buena medida del listado que establezcan los centros. «Hay diferencias abismales», constata Enrique López, preocupado también por lo que él define como «la tercermundialización de la industria del libro del texto». Se refiere el librero a la predominancia del factor precio en detrimento de la calidad del producto, en cuya elaboración, recuerda, «hace unos años participaban los mejores profesores del país».

Más ayudas

Con ese panorama, son muchas las familias que recurren al mercado de segunda mano, a los programas de intercambio de libros o al préstamo en los propios centros. Lo constatan los libreros: «La reutilización se nota mucho». En la red pública del Principado funciona desde 2014 un sistema de subvenciones directas a los centros para la creación de fondos bibliográficos a los que los alumnos pueden recurrir para el préstamo de manuales por un valor de 105 euros. Antes, esa cantidad se entregaba en metálico. Y es una opción que sigue vigente para los alumnos de centros concertados. Según estimaciones del Principado, el programa de préstamo de libros beneficiará este curso a 21.729 estudiantes de centros públicos, 4.719 más que el año pasado. La Consejería de Educación y Cultura reservará a esta partida 2.281.545 euros, 362.985 más que el curso pasado. Además, se ha aumentado el umbral de renta -desde los 5.000 hasta los 7.000 euros por miembro de la unidad familiar- para que optar a estas ayudas. Era este un aspecto que en su día criticó el sindicato Anpe. Porque las ayudas «no alcanzan más que a una ínfima parte de los escolares, poco más del 10% de los más de 100.000 alumnos del Principado» y porque los 105 euros le parecían una cantidad «insuficiente».

Al margen de los libros de texto, las familias asturianas tendrán que desembolsar «entre 40 y 70 euros» por el material escolar. Aquí, nuevamente, las diferencias van por centros. Y los comerciantes se encuentran a veces con pedidos «surrealistas». Como el de un colegio público de Oviedo que el curso pasado pidió a cada alumno siete paquetes de 50 cartulinas cada uno. «Le dije al padre que vino a comprarlas que llamara al colegio a confirmar que era así, porque no me entraba en la cabeza que le pidieran 350 cartulinas a cada crío», cuenta una librera. No se había equivocado. Eran 350.

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