Bodegones más vivos que nunca

'Bodegón con cesto de frutas y jarra', de Juan de Zurbarán. /
'Bodegón con cesto de frutas y jarra', de Juan de Zurbarán.

Grupo Masaveu reúne una colección con más de doscientos años de historia

LUCÍA R. LORENZO

Ocho bodegones al óleo acercan al público el realismo, alguna explosión de color y diversos elementos sutiles entremezclados con la oscuridad de alguno de sus lienzos. La Corporación Masaveu muestra en su estand una selección de su colección privada sobre naturalezas muertas, una de las mejores de España.

Seis autores consiguieron plasmar una realidad inmóvil sobre el lienzo con el objetivo de aproximárnosla ante nuestros ojos. Como si la fruta, las flores, las piezas de orfebrería y los animales estuvieran presentes a día de hoy y se pudieran tocar, tan solo dando un par de pasos al frente. Pero no. Esa es la meta, pero no la realidad. Ya pasaron más de doscientos años desde que los artistas se armaron con sus pinceles y pinturas para trasladar su visión sobre estos objetos estáticos e impregnar sus obras con ellos. Desde sus talleres de elaboración, estas joyas artísticas pertenecientes a los siglos XVII y XVIII decoraron después palacios de toda Europa.

Entre 1624 y 1773

En España, al igual que en este continente, el bodegón consiguió gran notoriedad a partir de la década de 1620. Mientras que la decadencia de esta tendencia artística no ocurriría hasta dos siglos después. Las obras fueron elaboradas entre 1624 y 1773 y pertenecen, en mayor proporción, al ámbito cortesano madrileño salvo dos grandes cestas sevillanas. El madrileño Juan Bautista de Espinosa (1585-1640) reúne de forma delicada y cumpliendo una rigurosa simetría diversos elementos de cocina en su 'Bodegón con objetos de orfebrería' (1624). Esta obra lidera la exposición, desde el punto de vista cronológico.

En segundo lugar se encuentra Juan de Zurbarán (Llerena, 1620- Sevilla, 1649), hijo del gran Francisco Zurbarán, es uno de los referentes en el campo de la naturaleza muerta pero también en la pintura barroca. 'Bodegón con cesto de frutas y jarra' (1643-1649) es una de las piezas que pertenece a Masaveu desde 1989.

El escondite de las mariposas

Unas coloridas mariposas se posan en una de las flores del óleo de Pedro de Camprobín (Almagro, 1605-Sevilla, 1674). Su obra 'Bodegón con flores y dulces' data de 1660 y aporta luz y cálidos tonos anaranjados a la exposición.

Más oscura si cabe se observa la obra 'Florero con insectos' (1654) de Juan de Arellano (Santorcaz, 1614-Madrid, 1676), donde se ve revolotear una negra polilla camuflada en la oscuridad del fondo. El autor es el máximo exponente de la pintura con flores durante el barroco en España. Sin embargo, en 1668 el mismo autor da vida a una nueva creación, 'Naturaleza muerta con flores y frutas'. En ella el bodegón alberga muchas más tonalidades desde rosáceos, blancos, azules y hasta verdes más apagados.

Menos tintes se contemplan en 'Jarrón con rosas, claveles y tulipán' (1670-1680) del madrileño Gabriel de la Corte (Madrid, 1648-1694), pero los tonos pardos entrelazados con detalles muestran la belleza de las flores en un ambiente más sombrío.

La cocina es uno de los escenarios elegidos. Como el caso de 'Bodegón con perdices' (1773) del pintor Luis Egidio (Nápoles, 1716-Madrid, 1780). En este caso, muestra los ingredientes a utilizar para elaborar una receta. Él es el gran bodeguista de la Ilustración española. También firma 'Naturaleza muerta con frutas y cacharros' en la que combina frutas con un cesto de mimbre. Escenas todas ellas que invitan a la contemplación y la relajación en mitad de un bullicio ferial que hace de singular contrapunto.