Cuento de Navidad

Pedro y Peter consiguen dar con las bolas navideñas de EL COMERCIO tras casi un año buscándolas

Peter Townend y Pedro Rey, con su ansiada compra de las bolas de Navidad, en el estand de EL COMERCIO./
Peter Townend y Pedro Rey, con su ansiada compra de las bolas de Navidad, en el estand de EL COMERCIO.
ADRIÁN AUSÍN / CANDELA DEL VALLEGijón

La historia de Pedro y Peter arrancó en Londres hace 21 años. El gijonés Pedro Rey conoció en la capital británica a Peter Townend, de Yorkshire, y desde entonces ya no se han separado. Townend dejó atrás ocho años como concejal por el Partido Laborista («ojo, para ser concejal allí te eligen con nombre y apellidos, tienes que picar puerta a puerta», aclaran) y, superando el vértigo de cambiar de idioma, de país y de trabajo, aterrizó en Gijón allá por 1997. En aquel entonces Pedro Rey, quien pasó su infancia en Contrueces, era profesor y Peter hizo lo propio y se dedicó a enseñar inglés.

En 2003 ambos decidieron echarse la manta a la cabeza y cambiar de aires. Se fueron a Los Ángeles (California), donde Pedro consiguió una plaza de profesor de español mientras su compañero, Peter, estudiaba y trabajaba. Así pasaron cinco maravillosos años. «Si los millonarios eligen vivir en Hollywood será por algo. La calidad de vida es una pasada y el tiempo también. Es como si siempre fuera primavera», razonan.

A continuación, el gijonés consiguió una plaza para un puesto técnico en la embajada española en Washington y allá se fueron para pasar otros cinco intensos años (recogidos en 'Asturianos por el mundo'). Vivían al lado de la Casa Blanca y no olvidan aquella espectacular toma de posesión de Barak Obama bajo un frío que crujía los huesos –calculan menos catorce grados– y un expectación casi universal. Pero la plaza era temporal, por un quinquenio, y finalizado ese período regresaron a Gijón en 2013. Los pasos de Pedro y Peter se reorientaron una vez más. Hoy viven al pie de la Escalerona;Pedro trabaja en un puesto técnico en el Instituto Adolfo Posada, que da formación a los 38.000 empleados públicos asturianos, mientras Peter es profesor de Inglés en la Academia Liverpool, en el Alto Pumarín. Hasta aquí todo normal. O todo un tanto exótico, según se mire. Londres, Gijón, Los Ángeles, Washington...

El pasado otoño, allá por noviembre, de repente Pedro y Peter se topan muy cerca de su casa con unas bolas de Navidad que les entusiasman. Están adornando las oficinas de InfoGijón de los Jardines del Náutico. Preguntan a la chica si sabe el lugar donde las han comprado y ella les da la palabra mágica: Feria de Muestras. Pero no sabe el estand. Llega la Navidad, una fiesta que los anglosajones celebran con especial mimo, y ambos la pasan con las bolas de InfoGijón entre ceja y ceja.

El hallazgo

Llega el verano. Ni Pedro ni Peter han olvidado el asunto. En su primera visita a la Feria pinchan en hueso. Creían que se vendían en muchos sitios. Pero no. No las ven. Preguntan en Información y no saben concretarles. Pero hete aquí que, esta semana, Peter se encuentra en Talasoponiente leyendo EL COMERCIO y de repente, ¡zas!, tiene ante sí un anuncio a toda página con la oferta del periódico en su estand. Yahí están perfectamente retratadas las ansiadas bolas. Además, a precio de ganga. «En Washington, la Casa Blanca promociona una diferente cada año, la lanzan ya en febrero y cuesta unos 25 dólares». Éstas, dos por un euro y seis con diez minibolas de regalo por tres euros. Así fue como, el miércoles por la tarde, los dos Pedros irrumpieron felices en el estand de EL COMERCIO y compraron un amplio surtido de bolas de Navidad, unas para regalar y otras para su arbolón.

En el mundo anglosajón, resaltan, hay tiendas navideñas abiertas todo el año y a la gente le gusta llevarse de recuerdo de sus viajes una bola para su árbol. También, por ejemplo, en Finlandia, donde estuvieron en abril. Además, no es tan precipitado comprarlas llegados a estas fechas, pues siempre hay quien dice:«Después del 15 de agosto, Navidad». Vamos, que el tiempo vuela y el árbol no se adorna de un día para otro.

Este es el cuento de Navidad del estand de EL COMERCIO. Si las bolas se hubiesen agotado, igual acababa en Urgencias.