«En época de héroes de barro, Quini y Jesús lo eran de carne y hueso»

«En época de héroes de barro, Quini y Jesús lo eran de carne y hueso»
Iñaki Eraña, Manfredo Álvarez, Falo Castro, Blanca Cobián y Mari Carmen Izquierdo, en la charla-homenaje. / FOTOS: JOSÉ RAMÓN NAVARRO

La emotiva charla homenaje arranca las lágrimas de Falo Castro y Blanca Cobián

PABLO SUÁREZ

Una alineación de lujo para homenajear a dos leyendas del sportinguismo y, ante todo, dos personas a la altura de sus mitos como fueron Enrique Castro 'Quini' y Jesús Castro. Blanca Cobián, viuda de este último; Falo Castro, hermano de ambos; Iñaki Eraña, voz ayer del sportinguismo, y la periodista de Televisión Española Mari Carmen Izquierdo se reunieron ayer en la sala Anfiteatro para rendirles tributo a base de anécdotas y recuerdos que son ya parte de la historia de Gijón. «Contando sus anécdotas es como mejor se puede entender su figura», reconocía el periodista Manfredo Álvarez, moderador del improvisado sanedrín fubolero.

Como no podía ser de otra manera tratándose de los hermanos Castro, el acto se movió entre lo emotivo y lo bromista, con alguna que otra lágrima producto de la emoción. Una emoción que también permitió el debate puramente futbolístico sobre dos jugadores que, forofismos aparte, marcaron una época en el fútbol español.

«Le llamábamos 'el besugo'»

Poco o nada queda por decir de Quini, «un delantero total», como lo definió su amigo y fiel escudero Enzo Ferrero. «Junto con Santillana era de los jugadores que en un partido te marcaban la diferencia. Ser Pichichi en un Madrid o un Barça es más común. Quini fue Pichichi en su Sporting», resaltó en un vídeo reproducido durante el acto y donde también hizo mención al apodo por el cual conocían a 'El Brujo' en el vestuario rojiblanco. «Le llamábamos 'el besugo' porque siempre remataba con los ojos abiertos», contó sobre el que está reconocido como uno de los mejores cabeceadores de la historia «aunque su remate preferido era la volea». Una habilidad que Quini justificaba en los buenos centros que recibía desde la banda, surtidos por exquisitas botas como las de Joaquín, Morán, el propio Enzo o Diego Armando Maradona. «Los remataba todos. Daba igual que le mandases un melón. Siempre conseguía estar solo para rematar», relató el primero de ellos.

«Las paraba todas»

De su hermano, el guardameta Jesús Castro es posible que se haya hablado menos a nivel puramente deportivo, quizás en parte por la durísima tragedia en la que terminó perdiendo la vida. No obstante, Castro fue uno de los mejores cancerberos que han pasado bajo los tres palos de El Molinón. «Era un portero serio y muy bien colocado. No era muy dado a las acrobacias, pero las paraba todas. En el mano a mano no le colabas una», rememoró el exfutbolista Manolo Jiménez. «Es de los mejores de la historia del Sporting», coincide Ferrero. Todos ellos destacaban también la generosidad y los valores del guardameta, a quien recuerdan «mucho más serio» que Quini, quien tenía gran fama de bromista. «Jesús era más formal. Quini hacia bromas que no se pueden contar aquí», dijo su hermano Falo entre risas.

La cara de los hijos

Pese a tal excelencia sobre el césped, siempre que se tratan temas relacionados con los Castro resulta inevitable, incluso para sus propios excompañeros, mentar su faceta humana. «Eran dos grandes personas. Tan grandes que cuesta decidirse por la persona o por el futbolista», coincidían algunos de los que compartieron vestuario con los dos hermanos. «En época de héroes de barro, Quini y mi padre fueron y son héroes de carne y hueso», afirmó Joanna Castro, hija de Jesús y quien intervino a través de una videollamada al encontrarse trabajando fuera de España.

Sin embargo, el momento más emotivo del acto se vivió cuando Blanca Cobián, viuda de Jesús Castro, se arrancó a contar con el mayor de los detalles cómo había vivido el día del fallecimiento del guardameta. «Lo más duro fue ver la cara de mis hijos», afirmó.

Así, entre lo brillante y lo trágico, se desarrolla esta historia. La de dos mitos, dos leyendas del sportinguismo y, ante todo, dos magníficas personas.

 

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