«Venir aquí es un éxito; tengo clientas que repiten cada año»

«Venir aquí es un éxito; tengo clientas que repiten cada año»
La artesana María Roig, con algunas de sus creaciones. :: JOSÉ RAMÓN NAVARRO

María Roig, fundadora de Pura Vanidad, un estand de artesanía incrustado en el pabellón del Palacio de Congresos

CHELO TUYA

Tiene sobre ella toda la capital. Su estand está plantado bajo el pabellón de Oviedo. La rodean productos de limpieza, de pintura, deshumificadores. A su lado se venden nuevas fórmulas de energía y se fomenta la sindicación. Frente a esto, ella ofrece medias lunas, libélulas, corazones, estrellas, unidas con perlas de colores. María Roig (Venezuela, 1966) es la fundadora de Pura Vanidad, un estand de artesanía incrustado en el pabellón del Palacio de Congresos. Lleva tres años ahí y promete volver. Y duplicar presencia.

-¿Cómo llega una venezolana que vive en Madrid a la Feria?

-Porque vivo de hacer ferias, sobre todo las medievales. Hace unos años coincidí en una con una chica que llevaba un producto que no encajaba demasiado, pero quería probar. Me contó que lleva 30 años viniendo a la Fidma y que le iba genial. Así que llamé, tuve la suerte de que les encantó mi producto y me dieron este estand.

-Este.

-(Risas) Sí, aquí.

-¿Entre puestos de seguros, productos de energía, pintura y deshumificadores?

-(Risas) Sí, ellos me lo advirtieron: «Es un pabellón en el que no pegas mucho, pero era una manera de entrar». Y dije que sí.

-Y le fue bien. Ha dicho que sí tres veces ya.

-Al principio pensé mucho: ¿Desventaja o ventaja? Veo como desventaja que las personas que vengan a la Fidma a comprar artesanía nunca vendrán a este pabellón. Sin embargo, aquí no tengo ninguna competencia. La gente que entra, al ser un pabellón de menos aglomeraciones, miran más relajadamente y compran.

-¿El precio barato es la clave?

-Prefiero muchos pocos a pocos muchos. No gano nada con llevarme mercancía a casa. Así no pago el alquiler. Todo lo que hago lo convierto en dinero. Obviamente, ganaré menos dinero que el que lo pone a 20 euros, pero también él va a ganar menos que yo. Estamos en época de crisis.

-¿Seguimos?

-Sí.

-Rotunda.

-Rotunda.

-Pues el primer día ya vendieron un coche a 75.000 euros.

-Sí, porque entre la gente rica no hay crisis. Yo creo que hasta les ha ido mejor. Pero para el resto la situación sigue igual. Y comprar bisutería es un capricho del que puedes prescindir. ¿Qué gano yo poniéndolo caro?

-Gana lo suficiente para repetir.

-Sí. El primer año, fíjese, creo que fue el peor. Culpa mía, por poner poca iluminación.

-Delito tiene estando rodeada de estands de energía.

-(Risas) Sí, pues a pesar de eso, no iluminé suficiente mi producto. El segundo año ya mejoré. Este año me dejaron este, que había ocupado una monjita. Y muy bien. Venir aquí es un éxito. Tengo clientas que repiten cada año.

-¿Qué pide el público asturiano?

-España es muy diferente toda ella (risas). En el Norte veo mucho gusto, que se valora mucho la artesanía. Soy muy feliz aquí. Tanto que el año que viene vuelvo y duplicando estand: quiero seguir con uno en este pabellón y traer otro de ropa a otro pabellón.

-¿El producto estrella?

-La libélula. Llevo años haciéndola y cuando me dicen «me gusta, qué original» pienso 'pero si la lleva todo el mundo' (risas).

-¿El hombre compra?

-Menos. La verdad es que no me inspira (risas). Veo una pieza y nunca me imagino hacer algo para un hombre. Parece que solo les gusta una tira de cuero. Y no es así, es fallo mío.

-¿No somos todos Pura Vanidad?

-(Risas) Sí y la vanidad no es mala. Estos productos, que no están hechos en cadena, sirven para verte bien y mejorar tu autoestima. Muchas veces, cuando nos sentimos mal, salimos, nos compramos cualquier cosita y ya no animamos. Creo que es curativo (risas).

-¿Compra en Feria?

-Siempre... Y menos mal que tengo poco tiempo (risas).

-No hagamos publicidad, pero ¿qué se lleva?

-Maquillaje, ropa...

-¿No es usted la del coche de 75.000 euros?

-(Risas) No. ¡Ojalá!

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