El puesto menos puesto

César Suárez se estrenó en la Feria sin tiempo para florituras. Sin embargo, el público responde

El avilesino César Suárez muestra a su derecha el material aislante y a su izquierda el aparato que elimina humedades por condensación./Daniel Mora
El avilesino César Suárez muestra a su derecha el material aislante y a su izquierda el aparato que elimina humedades por condensación. / Daniel Mora
Adrián Ausin
ADRIÁN AUSINGijón

Pensó en instalar un televisor para proyectar cómo funciona su aislante:el insuflado por celulosa. También se le pasó por la cabeza encargar unos paneles informativos como los de sus compañeros. Sin embargo, el tiempo le comió. Esa es la razón aducida por el avilesino César Suárez, de 47 años, para tener el puesto menos puesto de la Feria. César se estrenaba en el certamen y, la verdad, tampoco quería hacer un desembolso excesivo. Su objetivo prioritario era dar a conocer su producto, hacer contactos y conseguir encargos. Y el resultado, pese al escueto despliegue, es bueno:«Estoy contento».

Cuando uno pasa frente a su estand, en la lonja del Palacio de Congresos, si no se fija bien apenas entenderá nada. Podría creer haber visto los restos de un desplome del techo. Pero no. Todo está en su sitio y, pese a lo espartano del lugar, ilustra de forma sobrada la propuesta de este hombre que por no traer no ha traído ni una silla. La razón es ajena a cualquier política de ahorro:«No me parecía adecuado recibir a la gente sentado».

En Top Aislamientos, la oferta consiste en rellenar las cámaras de aire de pisos, chalés o locales con un curioso aislante térmico. Nada más y nada menos que papel de periódico triturado y tratado con sales báricas. El añadido tiene tres objetivos: ahuyentar ratones, evitar hongos y convertir esta pasta en ignífuga. Las propiedades del papel son dos. Una como aislante térmico, pudiendo elevar la temperatura de la casa «entre tres y cuatro grados», con el consiguiente ahorro en calefacción, que cifra al menos en «un 40%». Y otra como aislante sonoro. Lo demuestra con una alarma. La cubre con un poco de celulosa y deja de oírse. Suárez deja lista una casa de 70 metros cuadrados en 24 horas y cobra entre mil y mil doscientos euros. Esa es su oferta y la gente se para, pregunta y se lleva la tarjeta. Él les muestra la celulosa, el aparato americano que utiliza para inyectarla y, también, otro más caro con el que elimina humedades por condensación. Para actuar, solo hay un problema:necesita agujerear la pared. Cuando termina su labor, queda sellada pero hará falta una mano de pintura.

César Suárez lleva tres años en este negocio. Y funciona. Su aislante, explica, se utiliza en España desde hace diez años, pero suma varias décadas en Estados Unidos, de donde lo ha importado, y en otros países. César empezó en la construcción. Luego aprendió a ser soldador y trabajó varios años en una empresa de biselador. Faenaba hasta 14 ó 15 horas al día, pero le pagaban las horas extra y el esfuerzo compensaba. Luego hubo un cambio en la dirección, bajaron las extras y su sueldo, casado y con dos hijos, no le daba. Sobre todo, porque era oficial de primera y le pagaban como si fuera de segunda. Así fue como decidió buscarse la vida y recordó que aquella obra hecha en su casa, un aislamiento con celulosa, había dado un gran resultado. En estos días, un señor que vive justo frente a un semáforo para invidentes ha contratado ya sus servicios. «Dice que le vuelve loco el sonido y estoy seguro de que cuando haga la obra le va a cambiar la vida». Poco le ha importado a dicho cliente que el puesto de César sea el menos puesto del Ferial. Basta con que su producto funcione.

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