«Me siento avergonzado de que la gente no llegue al trabajo»

Tina Ríos ante un cartel que anuncia que no hay servicio Gijón-Avilés, línea que sí logró circular. :/D. A.
Tina Ríos ante un cartel que anuncia que no hay servicio Gijón-Avilés, línea que sí logró circular. : / D. A.

Feve anunciaba en internet servicios que luego cancelaba, mantenía en los paneles de información frecuencias que también suprimía, y colocaba carteles advirtiendo de que no habría trenes en líneas para las que luego sí logró poner unidades en circulación. Los planes para renovar la flota son en Asturias los más pobres de Fomento.

R. MUÑIZ / CH. TUYA

El cuarto día de cancelaciones masivas en Feve dejó imágenes para el desconcierto. A las 9.00 partió puntual de Sanz Crespo el 'Estrella del Cantábrico', con autoridades que respaldaban el primero de los viajes turísticos que la compañía organiza este verano en Asturias. En las ventanillas, los trabajadores de la operadora lidiaban con el enfado de los usuarios habituales, a los que tocaba informar de que en principio el sábado tampoco habría frecuencias con Avilés, Parque Principado, Oviedo o Trubia. Que hay demasiados ferrocarriles averiados y la flota no da para más.

«Es una lotería; vengo a la playa y no sé cuándo podré volver. Esta semana los trabajadores me mandaron a Noreña para coger un enlace. Cuando llegamos ya no estaba y nos quedamos tirados», lamenta Tina Ríos. «El problema es que cancelen sin previo aviso, que veas en internet que hay un tren y, cuando vienes a cogerlo, resulta que estaba suprimido desde el principio del día», comentaba enervada Eva Artime. El error ahí es que la compañía no tiene entre sus prioridades ofrecer en la web horarios actualizados;los deja expuestos permanentemente y ni siquiera en el apartado reservado a incidencias da cuenta de todas.

Al rato llega elegante Rocío García, tirando de la niña. «Vamos a una comunión, en Avilés», confía. Había consultado también internet, se preocupó de llegar a la terminal con quince minutos de margen para no perderse la ceremonia, pero resultó inútil.Una vez en el lugar el panel informativo marcaba rojo. Tren suprimido. «No sé qué voy a hacer, pero me la pierdo», lamentaba.

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Lo imprevisible es la norma. El tren Gijón-Avilés de las 11.03 no aparece en el letrero hasta tres minutos antes. Unos instantes después la pantalla cambia y dice que no, que en realidad saldrá a las 12.03. Pasado un rato el mismo panel reconoce que esa frecuencia también ha sido cancelada.

Son días en los que nada se puede asegurar durante demasiado tiempo. Ana Magdalena llegará con su cuadrilla de amigas y antes de sacar el billete en la máquina expendedora se percata de que alguien ha puesto un papel advirtiendo de que en realidad «por incidencia técnica» los trenes de esa ruta han quedado suprimidos. Cuando pidan explicaciones en la ventanilla el empleado de Feve les dirá que no, que por teléfono le acaban de advertir que en quince minutos sí van a poner un servicio. El trabajo en los talleres ha permitido recuperar alguna máquina y se la pone a circular sin esperar a que todos se enteren.

«No entiendo esta falta de información», desliza John, un británico que se acerca al ferrocarril de vía estrecha con la mejor de las voluntades: «Son más divertidos, ves paisaje y para en todos los sitios.En Inglaterra hay servicios así pero tienes que reservar billete con al menos cuatro meses de adelanto».

Todo esto ocurre en Sanz Crespo, la última estación de ferrocarril abierta en la región, una en la que al menos hay ventanillas, personal, paneles luminosos. En el resto de las 112 paradas de Feve lo normal es no contar con esas ayudas. En medio de este caos, dar la cara ante los clientes desmoraliza. «Somos conocedores de las dificultades y nos preocupa muchísimo. Como trabajador me siento a veces avergonzado de que la gente no pueda llegar a su trabajo o a su destino», expone Oscar Sainz, responsable de Trenes Turísticos en Asturias. El hartazgo lleva a otros colegas suyos a exclamar que «para estas así, mejor desprogramar la mitad de las frecuencias».

Ahí reside la causa de esta oleada de supresiones. El parque de Feve en Asturias tiene unidades tan viejas que «hay repuestos que ya no se fabrican», según reconocen sus directivos. Una gestión deficiente en el mantenimiento de la climatización ha provocado además que en parte de las unidades no funcione el aire acondicionado, lo que unido a ventanillas que no se puede bajar, genera una atmósfera difícil para el viaje en verano.

El mensaje que viene trasladando el presidente de Renfe (la sociedad que hoy controla Feve) es que se está tramitando la contratación de nuevos trenes en todo el país, con macrocontratos que permitirán renovar parte de la flota. El problema está en su distribución.

A finales de 2017 se presentó un plan de cercanías que programaba inversiones en Asturias de 580,96 millones, que luego fueron incrementados hasta los 602,96. El volumen de trincheras, túneles y puentes deteriorados, unido a la urgencia por duplicar parte de las vías se come la mayor parte de la tarta. Para renovar la flota se programaron 45 millones, con los que adquirir seis nuevas máquinas, todas para el ancho métrico de Feve. Cuando se completen las duplicaciones de vía, la compra se ampliaría en cuatro convoyes más.

En el plan de Cantabria, con la mitad de pasajeros si se suman las redes de Feve y Renfe, se anunciaron compras por casi el triple, 133 millones para llevar 28 trenes nuevos, de los que 22 son de ancho métrico. Alicante no recibirá tanto: su plan programa 126 millones para hacerse con entre quince y 21 unidades. Para Valencia irán de 27 a 31 trenes, con un desembolso de 186 millones. Madrid juega en otra liga y su plan suma 2.279,6 millones para 172 nuevos convoyes. Esos son los planes hasta ahora presentados, una lista de 262 unidades nuevas de las que Asturias solo espera 10.