Dolorosa despedida al sierense asesinado por su pareja: «Míchel no era conflictivo»

Funeral celebrado en la iglesia parroquial de Villardeveyo, en Llanera. / IMANOL RIMADA
Funeral celebrado en la iglesia parroquial de Villardeveyo, en Llanera. / IMANOL RIMADA

La iglesia de Villardeveyo, en Llanera, acoge el funeral de Miguel Ángel Suárez | El centro penitenciario de Asturias aplica el protocolo antisuicidio a la acusada de su muerte, Ana García Hevia

J. C. D. VILLARDEVEYO (LLANERA).

Familiares, amigos y vecinos despidieron ayer en la iglesia parroquial de Villardeveyo, en Llanera, a Miguel Ángel Suárez, asesinado en la madrugada del pasado martes, tras recibir una treintena de puñaladas, presuntamente, a manos de su pareja en la vivienda que poseen los padres de ella en el número 6 de la calle Río Sella, de Lugones.

Míchel, como le conocían sus allegados, tenía 58 años y era natural del núcleo de Villabona, aunque residía desde hacía años en Lugo de Llanera. Trabajaba en los talleres de la Renfe en el polígono industrial de Silvota. Quienes le trataron aseguraban que «no era una persona conflictiva».

El funeral, al que acudieron los más íntimos del finado, se desarrolló en medio de escenas de dolor. El fallecido tenía dos hermanas y un hermano. La ceremonia fue oficiada por el párroco de la urbanización de La Fresneda, Bobes y San Miguel de la Barreda, José Luis Fernández Polvorosa, quien suele prestar ayuda desde hace mucho tiempo en los oficios religiosos de Llanera. El sacerdote rogó una oración de fe y esperanza por el fallecido y por sus familiares, «que son los que están sufriendo y necesitan consuelo, aunque el único que puede dar consuelo es Jesús y los demás los acompañamos». Habló de su omnipresencia «para crearnos y darnos lo necesario para esta vida y también cuando salimos para la otra vida». Resaltó la importancia de los mandamientos, con especial hincapié en el quinto: «Amar la vida y respetar la vida de los demás». Tras la misa, los restos mortales de Miguel Ángel Suárez recibieron cristiana sepultura en el cementerio parroquial.

La presunta homicida, Ana García Hevia, de 28 años, pasó ayer su segundo día en el módulo de mujeres del Centro Penitenciario de Asturias, tras decretar su ingreso en prisión provisional y sin fianza la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Siero, Clarisa González. A la joven se le imputa un delito de homicidio. Ana García se negó a prestar declaración, al igual que sus padres, que acudieron citados como testigos, el miércoles ante la jueza.

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La dirección del centro penitenciario ha decidido aplicarle el protocolo antisuicidios. La mujer se encuentra en un módulo, acompañada en todo momento de una interna de apoyo, cuya función es evitar que pueda atentar contra su propia vida. A su llegada a la penitenciaría, la mujer fue observada por el médico de guardia, que fue quien propuso la aplicación del citado protocolo atendiendo a las circunstancias: la naturaleza de la causa por la que ha sido ingresada, la alarma social creada por el homicidio y sus antecedentes. Durante la jornada de ayer, estaba previsto que la interna mantuviera un encuentro con un psicólogo, un trabajador social y un educador para que emitieran un informe sobre su estado.

Su abogado defensor, José Luis Álvarez, ya ha adelantado que va a solicitar un informe médico exhaustivo sobre la supuesta minusvalía del 69% que podría sufrir la joven, según los testimonios aportados por su propia familia, que fueron los primeros en alertar del riesgo que podía correr la hija en prisión.

De confirmarse esa minusvalía, la presunta homicida podría resultar inimputable, o bien convertirse en un atenuante, según avanzó su letrado. La víctima tiene antecedentes policiales por robo, agresión y quema de vehículos, casetas y contenedores, algunos de estos hechos ocurridos en Lugones.

Queda por desvelar también los resultados de la autopsia, cuyas muestras han sido enviadas ya al Instituto Nacional de Toxicología y cuyos resultados finales podrían demorarse semanas. Ese informe definitivo será determinante para establecer detalles de suma importancia para esclarecer los hechos, como si la víctima tuvo oportunidad de defenderse o qué heridas le causaron la muerte.

Según ha trascendido, la joven le habría contado a sus padres que ella era la autora de la muerte de Míchel, con quien mantenía una relación. Los celos de Ana García se apuntan como uno de los posibles detonantes del crimen.

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