Los ganaderos asturianos, hartos de las quejas de turistas por el canto de los gallos o el olor del cuchu

Chus García, José Luis López, Anselmo García, Xuan Valladares, Fernando Villarroel y Manuel Molleda, en Oviedo, donde se quejaron del «acoso» al que creen se somete al medio rural. / MARIO ROJAS

Reclaman que «el turismo rural esté vinculado a los sectores productivos agrarios»

MARCO MENÉNDEZ OVIEDO.

Los ganaderos están hartos de los problemas que se están encontrando con algunos establecimientos de turismo rural. Además del conocido caso de Fernando Villarroel, el ganadero de Soto de Cangas al que el Ayuntamiento le obliga a clausurar su gallinero tras una denuncia porque el canto de los animales molesta a los clientes de un hotel cercano, los responsables de Asturias Ganadera dieron ayer a conocer muchos otros casos repartidos a lo largo de toda la geografía regional. Xuan Valladares, portavoz del colectivo, relató ejemplos como el de un hombre multado con 500 euros porque su perro pastor, que vigilaba un rebaño en una finca de su propiedad, espantó un corzo en celo que había entrado en el recinto. Y otro como el de un establecimiento que bloqueó con obstáculos y hasta con automóviles atravesados un camino que habitualmente se utilizaba como paso del ganado. El ruido de los cencerros, el ladrido de los perros o el olor del cuchu fueron otros asuntos por lo que se quejan los turistas y, en algunos casos, llegan a presentar denuncias.

Así lo explicaron ayer representantes de Asturias Ganadera, en un acto celebrado en Oviedo. Xuan Valladares tiene claro que «el turismo rural debía estar vinculado a los sectores productivos agrarios, de forma que se asegurara una diversificación de la economía campesina». El problema es que en muchos casos, según indican, estos establecimientos son puestos en marcha por personas que no conocen el ámbito rural y pretenden ofrecer servicios similares a los urbanos, obviando la idiosincrasia de la Asturias rural. José Luis López fue uno de esos ganaderos que sufrió este tipo de problemas en su propiedad de Villaestremeri (Mieres), pues «un vecino protestó porque los pitos cantaban. Mi mujer le dijo que estuviera tranquilo, que ya estaban cebados y los íbamos a matar. Pero al día siguiente encontramos que les habían echado un puñado de veneno».

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Manuel Molleda también tuvo algún percance en La Vara (Morcín), pues «la gente se queja del olor del cuchu y de que las vacas pasen por el pueblo. Llevamos más de 200 años en el pueblo con este olor y esta forma de trabajar. También se quejan porque los perros ladran».

El caso más conocido es el de Fernando Villarroel, sancionado por el Ayuntamiento de Cangas de Onís por el ruido de sus 'pitos', decisión que recurrió el pasado lunes y está a la espera de la resolución: «Me obligan al cese de la actividad, pero no hay tal actividad, porque son gallinas para autoconsumo», explica. Este ganadero considera que «el mundo rural está sufriendo un acoso sin límites. En todos los pueblos hay gallos, pero es que también me dijeron que quitara el cencerro a las vacas, cuando todo el mundo sabe que se pone a las más veteranas para que las jóvenes se acostumbren y cuando suban al monte no se desperdiguen».

«Choque de culturas»

Estos profesionales critican que las normativas las hayan elaborado «personas que no saben del campo», aunque Villarroel reconoce que «el 90% de la gente que viene de turismo rural viene para disfrutar y conocer los animales. Hay una minoría a la que todo le molesta pero nosotros no les podemos decir nada cuando hacen barbacoas o fiestas a altas horas de la noche».

En opinión de Xuan Valladares, «se está produciendo un choque entre la cultura rural y la urbana. Las normativas tienen que estar bien diseñadas». El colectivo considera que las normas han de ser redactadas por «personas que conozcan la realidad», pero cree que todo «es favorable a lo urbano, porque es donde hay más votos. Además, nos tratan con mucha soberbia. Más que un choque de trenes, es un choque de un tren contra una vagoneta, pero el caso es que la vagoneta tiene la razón», apunta.

Asturias Ganadera también criticó que ningún grupo político defendiera a Fernando Villarroel cuando se dio a conocer su caso, porque «el turismo rural parece una especie de vaca sagrada. Nadie se atreve a meterse con él. Un ex director general de Montes me dijo que sus prioridades eran las especies en peligro de extinción, luego el turismo y después los pastores. Esa visión de la Administración es terrorífica, porque nos coloca a la cola de la normativa», apuntó Valladares.