«Hay quien no habla con nadie salvo si sale a la calle y compra en una tienda»

Uno de los voluntarios del Teléfono de la Esperanza. / P. LORENZANA
Uno de los voluntarios del Teléfono de la Esperanza. / P. LORENZANA

R. M. GIJÓN.

En 1961 Winnifred Kelm, enfermera canadiense de 25 años, se sometió a un experimento. Durante ocho días y medio la encerraron en una habitación oscura sin cambiarse de ropa ni lavarse los dientes. «Al poco tiempo, empezó a soñar despierta, lloraba durante horas, tenía alucinaciones y se convenció de que su novio había muerto en un accidente». Lo escribe Sergio Molino en 'La España vacía. Viaje por un país que nunca fue'. El resultado llevó a los servicios secretos a someter a padecimientos similares a los prisioneros y lo menta el autor como ejemplo de las consecuencias que produce la despoblación y la sangría demográfica.

En el Teléfono de la Esperanza saben de ello. El año pasado recibieron 7.544 llamadas y el 85% de ellas eran para dolerse de la soledad. En un millar de ocasiones al otro lado del teléfono había mayores de 65 años y entre ellos «el porcentaje de los que hablaban de su soledad es todavía mayor». Lo cuenta la psicóloga Rosa de Arquer, quien matiza que sí, que «hay una soledad que es deseada, aceptada, la de quien no tuvo familia porque no quiso. La problemática es la de quienes necesitan estar con alguien y al no encontrarlo sienten una absoluta desconexión de su entorno y desprotección».

Pasar de los 65 años, ilustra De Arquer, es entrar en una edad en la «que se acumulan las pérdidas, dejas el trabajo y las relaciones de los compañeros, van falleciendo los amigos y, en un determinado momento, la pareja». Las llamadas que reciben desde esos pisos sin compañía cuentan que «no han hablando salvo si salen a la calle y les atiende un dependiente». La soledad, si continúa así, termina erosionando. «Acaba afectando a nivel físico, te descuidas la alimentación, la apariencia, dejas de animarte a salir y caes en una espiral depresiva», describe.

En ese contexto el teléfono es una salida fácil, «sobre todo para quien tiene poca movilidad o gente a su cargo». De ahí que, vista la situación, la asociación esté preparando un proyecto específico de atención a los mayores que viven solos.