«Mis hijas han heredado todos mis defectos»

Aarón Zapico, con sus dos hijas, en Sama de Langreo. / JUAN CARLOS ROMÁN
Aarón Zapico, con sus dos hijas, en Sama de Langreo. / JUAN CARLOS ROMÁN

Claudia e Inés son el centro de la vida del músico Aarón Zapico y le acompañan al violín y el ukelele | El alma de Forma Antiqva ha elegido Langreo para vivir, convencido de que «las Cuencas pueden ser un referente cultural. Solo hay que creérselo»

AZAHARA VILLACORTA

Llamarse Aarón imprime carácter y apellidarse Zapico marca un territorio sentimental plagado de castilletes a orillas del Nalón. Así que de tan explosiva combinación surgió uno de los músicos más brillantes que ha dado Asturias, el creador de Forma Antiqva, el conjunto instrumental con el que ha llevado las composiciones del Barroco a sus más altas cotas junto a sus dos hermanos, las otras dos patas de este trío afortunado: Pablo (tiorba) y Daniel (cuerda pulsada).

Aarón (que en hebreo significa 'maestro' o 'excelso') se ocupa de la clave y la dirección de esta formación que ha viajado con sus melodías por todo el mundo y que cosecha premios y reconocimientos de público y crítica allá por donde pasa, pero, después de formarse en La Haya y de vivir en varios puntos de la Península, decidió regresar a Langreo a asentar su vida, convencido de que «las Cuencas pueden ser un referente cultural. A su ritmo, pero tienen potencial. Lo que pasa es que hay que creérselo y no nos lo acabamos de creer. Nos falta osadía».

A él -llamado como aquel que junto a Moisés condujo a los israelitas lejos de Egipto- le sobra: «Soy un activista de las Cuencas, además de una persona a la que le gusta involucrarse en todas las causas que considera que son justas». Y avisa de que no se piensa rendir: «Yo sigo intentándolo porque este es un sitio privilegiado, a solo un paso de Oviedo, Gijón o Avilés y al que solo le falta que podamos hacer una vida culturalmente más activa. Llevo años intentando poner en marcha proyectos vanguardistas y no me hacen ni caso, pero llegará el día en que tengamos unas administraciones a la altura y lo consigamos a nuestro ritmo. Eso, seguro».

El mismo espíritu de prejubilado que no se conformaba con ocupar sus días en la 'ruta del colesterol' guió a su padre cuando decidió apuntarlo a él y a sus dos hermanos en el Conservatorio del Nalón, que «no puede desaparecer». «Y todo lo demás llegó de una forma muy natural, muy orgánica, sin forzar nada. Cuando echamos la vista atrás, parece mucho más raro de lo que en realidad fue». Una filosofía que él pone en práctica ahora con sus dos hijas: Inés (de ocho años, que ya apunta maneras con el violín) y Claudia (de cinco y que practica con un ukelele porque «siempre le gustó mucho la guitarra»).

«No hay duda. Las dos han heredado todos mis defectos», bromea su padre. «Los tres tenemos el mismo carácter, muy reconocible: somos optimistas, alegres, incluso diría que muy escandalosos. Nos gusta mucho la comedia. Nos gusta tanto que a veces el problema es saber parar».

Menos mal que ahí está la madre de esos dos torbellinos rizosos como él, que es flautista y que imparte clases de música, cómo no: «Ella, como otros tantos docentes, realiza un trabajo en el que está menos de cara al público, pero que es una labor de transmisión artística imprescindible y, a veces, muy ardua».

Aarón Zapico hizo de ellas «el centro» de su mundo», su partitura principal, su clave, desde que tomó la decisión de «ser padre para disfrutar», con lo que eso implica de «sacrificio a la hora de conciliar entre la faceta profesional y la familiar». Nada que no se solucione con menos horas de sueño: «Si no puedo estudiar o ensayar mucho por el día, lo hago por la noche y no pasa nada, que para eso tengo flexibilidad horaria».

Y con la misma determinación acaba de alcanzar sus primeras cuatro décadas de vida: «No voy a decir que me empiecen a pesar las canas porque todavía no las tengo ni que haya sufrido la crisis de los cuarenta, pero sí que, cuando tienes hijos, cambian las razones de tu existencia y empiezas a plantearte muchas cosas, a saber lo que quieres y, sobre todo, a saber lo que no quieres y por dónde ya no estás dispuesto a pasar».