Un incendio en Salas desata la alarma y cubre el cielo de humo y ceniza

A la izquierda, las llamas avanzan en el monte en la zona de Los Llanos de Cabruñana, en Candamo. A la derecha, el humo sobre el cielo de Gijón./ DAMIAN ARIENZA / PALOMA UCHA
A la izquierda, las llamas avanzan en el monte en la zona de Los Llanos de Cabruñana, en Candamo. A la derecha, el humo sobre el cielo de Gijón. / DAMIAN ARIENZA / PALOMA UCHA

El fuego llegó a la localidad de Prahúa, en Candamo, y se dispararon los índices de contaminación en Gijón, Trubia y Lugones

BELÉN G. HIDALGO SALAS / CANDAMO.

Ceniza que entraba en las viviendas y un intenso olor a quemado. Pero ningún incendio a la vista en Gijón. Los vecinos de esta ciudad, así como Villaviciosa, especialmente en Quintes y Quintueles, miraban ayer por la tarde al cielo, al horizonte, preocupados por lo que pudiera estar pasando. El humo, además, se iba haciendo con el cielo, que por momentos empezó a teñirse de un color que recordaba a aquel día que «no amaneció», aquella jornada del 16 de octubre de 2017 en la que los cielos se volvieron anaranjados a causa de una oleada de incendios que arrasó buena parte del occidente asturiano. Y, también, ayer, el origen de ese olor a quemado estaba en el occidente. En este caso, en la sierra de Sollera, una zona en la que lindan tres municipios, Salas, Candamo y Grado. Allí se originó un incendio, cuando el reloj marcaba cerca de las 17.30 horas, que desató las alarmas en la zona central de Asturias. El riesgo de incendio en estos tres concejos era ayer, de hecho, elevado. Muy alto en Grado y extremo en Candamo y Salas, según los datos que facilita el Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio.

Las fuertes rachas de viento sur, que llegaron a alcanzar los 93 kilómetros por hora, extendieron rápidamente la capa de humo por el centro del Principado, donde los vecinos se preguntaban por el origen del humo y de la sensación de olor a quemado. Gijón y la parte del concejo de Villaviciosa que linda con este municipio ni se veían, al estar cubiertos de humo, desde algunas zonas altas cercanas, como el pico Curbiellu. Incluso muchas personas llegaron a llamar a los servicios de emergencia, creyendo que un incendio se podría acercar a sus hogares. También hubo quien pensó en un episodio de contaminación. No lo era, se trataba de un incendio forestal con varios focos que se originó en Salas. Aunque sus efectos se dejaron notar en el aire de buena parte de la región. Así, los índices de contaminación alcanzaron picos importantes en zonas como Lugones y Trubia. En Gijón, de hecho, a las 20 horas en todas las estaciones se habían disparado las partículas Pm 2,5 y Pm 10.

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El fuego comenzó en Salas, indicaba el consejero de Presidencia, pero pronto se extendía y afectaba más a otros concejos. Pese a los esfuerzos de los equipos desplazados para apagarlo, siguió avanzando y a última hora de la tarde llegaba a Prahúa, en Candamo. Entre este pueblo y la sierra de Sollera se concentró el mayor número de medios para extinguir el fuego. A las 21.34 horas el Plan de Incendios Forestales del Principado de Asturias pasaba a nivel 1 al peligrar algunas construcciones, como las casas de la localidad de Prahúa.

Se desplegaron veintisiete bomberos y siete vehículos, además del helicóptero del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias. También trabajaron en la zona varias cooperativas y agentes forestales de la Guardería del Principado. «El fuego afecta a pinar y monte de eucalipto», confirmaron a este periódico. Guillermo Martínez, consejero de Presidencia, enviaba un mensaje de calma y aseguraba que el trabajo de los bomberos iba a evitar que las viviendas se vieran afectadas.

No obstante, estos fuegos provocaron las críticas de la Asociación Profesional de Guardas del Medio Natural del Principado de Asturias (Agumnpa), que dijeron que eran algo «previsible» y criticaron que, «una vez más», no hubiera vigilancias activas.

«No creo que nadie duerma»

En Prahúa los vecinos ponían todos los medios a su alcance para tratar de detener el avance de las llamas, todo ello bajo una intensa humareda. «Después de dormir la siesta, sentí el humo y que iba a más y a más. Era una negrura tremenda», decía una de las vecinas de Prahúa.

Conchita Estrada, también vecina de la localidad, llamó pasadas las 17 horas al 112. «Vi como una columna grande de humo, pero lo veía desde detrás de una sierra. No sé dónde se originó», apuntó esta vecina, aún impresionada por la intensa humareda y un viento enfurecido que no cesaba. Precisamente fue el viento el que impidió al helicóptero operar, añadiendo mayor dificultad a las labores de extinción. Los retenes de bomberos, según relataban los vecinos, intentaban frenar el avance en puntos conflictivos como carreteras, viviendas o infraestructuras ganaderas. «Está complicado. No creo que nadie duerma tranquilo hoy», decía.

El fuego entró en la zona alta de esta localidad y «llegó hasta una cabaña», explicó a EL COMERCIO, el ganadero Carlos Estrada, quien soltó su ganado ante el temor de que «el fuego alcance la cuadra».

Entre los vecinos afectados por el incendio de Prahúa se encontraba el edil de Cultura de Grado, Plácido Rodríguez, quien tiene una vivienda a la que el fuego «llegó a pocos metros» y además trabaja como bombero. «Es muy angustioso ver como el fuego llega a tu propia casa», dijo explicando que a pesar de sus más de veinte años de experiencia, «la meteorología es muy adversa y es peligroso». Por ello los vecinos no pudieron colaborar con las labores de extinción, ya que el fuerte viento, «propaga las chispas muy rápido», motivo por el que no quisieron dejar sin vigilancia sus viviendas, que trataban de proteger enfriando el terreno con mangueras para evitar que el fuego pudiese, finalmente, alcanzarlas.

En los concejos próximos, los regidores mantenían la calma sin perder de vista el avance de las llamas. Así, el alcalde de Pravia, el socialista David Álvarez, miraba sin cesar al cielo en busca de humo, que «de momento no afecta a nuestro concejo», detalló el regidor, que no dudó a la hora de afirmar que «quemar el monte es un desastre medio ambiental, da igual a que municipio afecte». El alcalde de Salas, el forista Sergio Hidalgo, destacó la importancia de mantener limpios los cortafuegos que «impidieron que las llamas alcanzasen un monte comunal de pino», afirmó mientras se trasladaba al lugar del incendio.

Hasta cuatro incendios

En total, ayer la región registró cuatro incendios y dos conatos. Así, en Castrillón las llamas devoraron el monte de Bayas, cerca de las inmediaciones del aeropuerto, desde donde se podía ver el humo, que no afectó a los vuelos. El fuego se propagó en dirección a la playa y, a última hora, permanecía estabilizado. El Servicio de Emergencias del Principado desplazaba hasta la zona bomberos de Avilés, Pravia y Valdés, junto a un jefe de zona y también una empresa forestal.

Durante la tarde, el helicóptero de Bomberos ayudó en las tareas de control del incendio para evitar que se extendiéndose. A pesar de quedar controlado, no está extinguido y se desconoce la extensión calcinada. Eso sí, no se han visto afectadas viviendas ni personas.