La investigación biosanitaria avanza pese a los recortes

Integrantes de algunos de los cuarenta y tres grupos adscritos al Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (Ispa), frente a su sede. En la cuarta fila, con americana, Enrique Caso, director de la Finba. En primera fila, el tercero por la izquierda, Carlos Suárez Nieto, director científico del Ispa./ÁLEX PIÑA
Integrantes de algunos de los cuarenta y tres grupos adscritos al Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (Ispa), frente a su sede. En la cuarta fila, con americana, Enrique Caso, director de la Finba. En primera fila, el tercero por la izquierda, Carlos Suárez Nieto, director científico del Ispa. / ÁLEX PIÑA

«Con la crisis, la inversión cayó en Asturias al 0,7%», dice el director científico del instituto que engloba a 43 grupos. Sus integrantes urgen recursos y menos trabas burocráticas

LAURA MAYORDOMO

Cuando muchos de los grupos del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (Ispa) compiten a nivel nacional por un proyecto o por entrar, por ejemplo, en redes de investigación del Instituto de la Salud Carlos III «tenemos éxito. Estamos alrededor de un 10% mejor que la media nacional. Eso indica que somos suficientemente competitivos». Es lo que sostiene Jorge Cannata, catedrático de Medicina e investigador principal del grupo de Metabolismo óseo y mineral. Y lo que refrenda el director científico del Ispa, Carlos Suárez Nieto: «La investigación médica en Asturias esta por encima de la media. Incluso hay varios grupos líderes en sus respectivos campos».

En los cinco años que han transcurrido desde la creación de la fundación y la posterior puesta en marcha del instituto -del que, en la actualidad, la Finba funciona como órgano gestor- se han incorporado a esta estructura 43 grupos -de la Universidad de Oviedo, del HUCA (que incluyen a facultativos de Cabueñes y San Agustín) y del CSIC- de seis áreas de investigación y en los que trabajan cerca de 600 personas. Un lustro en el que han desarrollado 194 proyectos -21 de ellos europeos-, que han aportado 33,5 millones de euros; han conseguido 38 patentes y han dado lugar a ocho 'spin-off' o iniciativas empresariales. La producción científica, en lo que a publicaciones se refiere, también ha dado buenos resultados: una media de 781 artículos publicados cada año, lo que sitúa al asturiano en el puesto número siete de los 31 institutos de investigación sanitaria acreditados en España.

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Y eso pese a que, coinciden los investigadores, en su trabajo diario en el Principado se encuentran con más dificultades que ventajas. La primera, y más importante, la escasa financiación. Achacable a los últimos díez años de crisis económica, sí, pero no solo. «En Asturias falta un proyecto estable de promoción de la investigación», opina Guillermo Muñiz Albaiceta, cuyo equipo estudia los mecanismos moleculares del daño pulmonar en pacientes graves. «El problema de fondo es la falta de cultura sanitaria en investigación, ahí estamos por debajo de una gran parte de España», compara Jorge Cannata. La inversión en I+D en la región pasó con la crisis de estar cerca del 1% del PIB al 0,7, muy lejos del 2% que se marcan como objetivo España y Europa, recuerda Suárez Nieto. «Es necesaria una mayor apuesta por la ciencia, un mayor apoyo por parte de la administración y también de las empresas privadas. Un buen sistema de salud pública tiene que tener una buena investigación detrás», subraya.

Juan Pablo Rodrigo, otorrino y responsable del grupo de investigación en Cáncer de cabeza y cuello, echa en falta «una mayor financiación para el Ispa, convocatorias de ayudas y personal regulares y bien dotadas y una estrategia de captación y estabilización del personal investigador». Porque esa es una de las consecuencias de la falta de fondos. «El personal investigador está precarizado y mal remunerado», apunta Patricio Suárez, responsable de la Plataforma de Bioestadística y Epidemiología del Ispa, estructura que da apoyo estadístico y metodológico a los investigadores y al personal sanitario del Sespa.

La precariedad en una región como la asturiana, con «una gran masa crítica» de investigadores y profesionales sanitarios, radica, dicen quienes la sufren, en la esacasa permanencia y estabilización de estos profesionales. «Formamos investigadores que acaban en los mejores centros nacionales e internacionales, pero no aquí. Esto ha hecho que seamos una de las últimas comunidades en tener un Instituto de Investigación Biosanitaria, y que a día de hoy no estemos aún acreditados, como lo están comunidades similares a la nuestra como Cantabria o Murcia», apunta Carlos López Larrea, inmunólogo y responsable del grupo de investigación de Inmunología traslacional. Es contundente. La investigación biosanitaria en Asturias «está en una situación de crecer o morir. Necesitamos hacer un sprint para posicionarnos en un buen lugar». Y ahí, remarca, «el apoyo institucional regional es esencial».

«Poca suerte»

Jorge Cannata también demanda una mayor dotación económica para el Ispa, pero acompañada de más flexibilidad y capacidad para captar y gestionar recursos económicos. Y no oculta su decepción por el escaso apoyo hospitalario. «Hemos tenido poca suerte en nuestra comunidad. En los más de treinta años que llevo luchando para que la investigación penetre en la vida hospitalaria solo he constatado voluntad política y convicción en la necesidad y utilidad de la investigación hospitalaria a finales de los 80 y principios de los 90. La etapa duró muy poco y, a partir de entonces, se ha ido diluyendo».

Laura Gutiérrez es una de las quince mujeres que están al frente de un grupo de investigación del Ispa. El suyo, el de Investigación en plaquetas, creado en 2010 e incorporado al instituto el año pasado, es además uno de los cinco 'emergentes'. «Estudiamos el proceso de producción de plaquetas y su perfil funcional y molecular en la salud y en la enfermedad». Entre otras aplicaciones, ese trabajo puede contribuir a identificar biomarcadores para diagnosticar una enfermedad o conocer la respuesta a un tratamiento determinado.

Como al resto de investigadores, trabajar bajo el paraguas del Ispa, le ha permitido «establecer colaboraciones muy relevantes» porque además de «potenciar la investigación desde una perspectiva más global», como apunta Suárez Nieto, la ubicación del instituto junto al nuevo HUCA es «ideal para favorecer la investigación básico-clínica». Pero, como al resto, a Gutiérrez le sobra la excesiva burocracia, los trámites eternos, las barreras administrativas y la rigidez de un sistema que «nos lleva a una pérdida de tiempo que es desesperante», critica el director científico del Ispa.

El futuro, opina Patricio Suárez, pasa por replicar esas redes de cooperación que ya se han establecido en el seno del Ispa en el ámbito nacional. «Hace falta un proyecto de Estado, liderado por los ministerios de Sanidad y Ciencia, que establezca prioridades y obligue a los distintos institutos de investigación a cooperar».

 

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