La ley no resuelve los conflictos por el acceso a festivales con comida y bebida

Los visitantes de Metrópoli hacen cola a la entrada. / DAMIÁN ARIENZA
Los visitantes de Metrópoli hacen cola a la entrada. / DAMIÁN ARIENZA

Las interpretaciones de la norma de Espectáculos Públicos del Principado generan problemas entre promotores y usuarios | Esta reglamentación afecta al cine, teatro, conciertos, circos y competiciones deportivas, pero no a las romerías

DANI BUSTOGIJÓN.

Lejanos parecen ya los tiempos en los que para entrar a las salas de cine había que esconder la comida debajo de la ropa o mediante argucias similares. La Ley de Espectáculos Públicos del Principado, en vigor desde 2002, incluye un artículo que garantiza el derecho de los usuarios «a elegir los productos que deseen consumir y dónde adquirirlos, siempre y cuando durante el espectáculo se permita el consumo de los mismos». Esta reglamentación abarca, por ejemplo, el cine, teatro, conciertos, festivales, espectáculos taurinos, circos, competiciones deportivas, eventos culturales y folclóricos, de baile y danza, todo ello condicionado a que en esos lugares también se venda comida o bebida.

Sin embargo, la interpretación de esta ley genera en ocasiones ciertos conflictos. El último de ellos, durante la celebración del certamen Metrópoli. La Unión de Consumidores de Asturias acusó la semana pasada a la promotora del festival de impedir la entrada al recinto ferial con comida y bebida.

La entidad esgrime que «la normativa es bastante clara» y asegura que «fueron varias personas» las que tuvieron que deshacerse a la entrada de sus provisiones. «Desde Metrópoli hacen alusión a la prohibición de entrar con botellas de cristal o tapones en las bebidas, pero numerosos testigos afirmaron que ni se podía entrar con una botella de agua abierta», señala Lucía Fernández, del servicio jurídico de la Unión de Consumidores.

No está de acuerdo con estos argumentos Marino González, director de Metrópoli, quien recuerda que «no hubo denuncia de ningún consumidor. Eso se puede comprobar con las hojas de reclamaciones, y no nos llegó ninguna». En este punto, Lucía Fernández replica que «tampoco facilitaban la entrega de hojas de reclamaciones».

Por razones de seguridad, Marino González insiste en que se tienen que «parar botellas de cristal, latas y tapones». El problema tal vez surgió, añade, cuando «se tuvo que quitar el tapón a alguna botella de agua de dos litros, porque es incómodo cargar con ella abierta, y el usuario decidió dejarla en la puerta». En el certamen, resume su director, se dejó pasar «sin problema todo lo que hemos creído conveniente».

Desde Divertia, la empresa municipal que gestiona la mayoría de las actividades culturales y festivas de la ciudad, se recuerda que certámenes como Metrópoli «son privados», y que los promotores encargados de la organización «tienen que cumplir estrictamente las leyes». En esta línea, Jorge González-Palacios, gerente de Divertia, afirma que le «consta que los promotores de eventos» en los que la empresa municipal participa «están cumpliendo con la ley», aunque matiza que «la interpretación de esta ley puede ser diferente. En algunos lugares es más estricta y en otros, menos».

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En todo caso, valora González-Palacios, las denuncias que hayan podido surgir con respecto a la entrada a este festival «son casos muy puntuales, pero no unas quejas generalizadas».

Actividades recreativas

Asunto diferente es el de las tradicionales fiestas de prao, que tienen una consideración especial y no están catalogadas como espectáculo, sino como actividad recreativa. Por tanto, la decisión de permitir, o no, el acceso a ellas con alimentos y bebidas comprados en otros sitios depende directamente de la comisión de festejos organizadora de dicha fiesta.

Así lo explica Lucía Fernández, quien recuerda que «en muchos casos el consumo de comida y bebida supone un ingreso para la propia sociedad de festejos».

Cabe recordar que recientemente, en las fiestas de Castiello, también en Gijón, la Guardia Civil se ocupó de controlar los accesos, registrar los bolsos y evitar que los asistentes metieran bebidas de fuera. Fue una medida para evitar el popular botellón. Ya en el prao, también la seguridad privada contratada por la sociedad de festejos requisó algunas bebidas que habían logrado pasar el primer control.

Estas situaciones, que también generaron malestar entre algunos de los asistentes a la fiesta, están amparadas por la ordenanza municipal de Protección de la convivencia ciudadana y prevención de actuaciones antisociales, por la cual el Ayuntamiento de Gijón, a través de los diferentes cuerpos de seguridad, «regulará el consumo de bebidas alcohólicas en los espacios públicos de su competencia» cuando «como resultado de la concentración de personas o de la acción de su consumo, se puedan causar molestias a quienes utilicen el espacio público».