«Ni limpian el río ni nos dejan limpiar»

Carolina Raimat, propietaria de El Paraíso de Riberas, observa el arroyo que discurre por detrás de su negocio. / MARIETA
Carolina Raimat, propietaria de El Paraíso de Riberas, observa el arroyo que discurre por detrás de su negocio. / MARIETA

Vecinos de Soto y Raíces estuvieron todo el lunes pendientes de los cauces fluviales que pasan cerca de sus casas | La propietaria del restaurante El Paraíso de Riberas pudo abrir el comedor tras recoger agua desde primera hora

C. DEL RÍO SOTO DEL BARCO.

No sufrieron las inundaciones que pronosticaba la alerta meteorológica por la borrasca 'Ana' que se dejó sentir en Asturias los pasados domingo y lunes, pero los vecinos de Raíces Viejo (Castrillón) y Riberas (Soto del Barco) que más sufren las consecuencias de las crecidas fluviales seguían vigilantes ante los cauces cercanos. Ayer respiraban cierta tranquilidad y apenas presentaban signos de cansancio pese a haber pasado una noche en duermevela.

Ni Marlén Calvo ni su hija Yanire han vivido nunca la situación, pero saben que sus viviendas de Raíces Viejos, a pocos metros de Salinas, son las primeras que se inundan cuando crece el arroyo que pasa por enfrente. «Estuvimos toda la noche pendiente, asomándonos cada poco», explica Marlén tras agradecer el «eficaz» auxilio de la Policía Local de Castrillón y de los bomberos, además del apoyo de los vecinos. El agua estuvo muy cerca. Llegó hasta el segundo de los tres escalones que dan acceso a su casa. Por prevención, subieron diversos enseres al piso de arriba en el que «por fortuna» vive su madre.

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El nivel del agua, que por la parte de atrás del edificio sí llegaba hasta la rodilla, bajó hacia las tres de la tarde. No causó grandes desperfectos más allá de la humedad en las paredes de la fachada. Poca cosa para lo que podría haber sido, afirman.

Igualmente pendiente estuvo durante todo el día Carolina Raimat, propietaria del restaurante El Paraíso de Riberas, en Soto del Barco. Han sido siempre los primeros en sufrir las inundaciones cuando el arroyo El Trave, afluente del río Nalón que discurre justo por detrás de su propiedad, sube de nivel. Lo peor es saber que, siendo habitual, «la Confederación Hidrográfica ni limpia el arroyo ni nos deja limpiarlo». Atada de pies y manos, tiene en su patio unas bombas de presión que recogen el agua en un depósito. Aún así, en época de crecidas «el agua se filtra por abajo» y humedece el suelo de un comedor que el lunes logró abrir tras estar recogiendo agua todo el día.

Ana García Horcas, vecina de Salas, que ayer paseaba con su perro por las proximidades del prau del Xiringüelu, inundado el lunes, recordaba que no tenía nada que ver con lo ocurrido algunos años atrás. Y señaló que el verdadero peligro está en la carretera vieja de Pravia a Cornellana.

 

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