«Llevar un estilo de vida saludable protege el corazón y los riñones»

Zoccali preside la Asociación Renal Europea. / E. C.
Zoccali preside la Asociación Renal Europea. / E. C.

Carmine Zoccali, nefrólogo. Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo: «Recibir el Honoris Causa es uno de los momentos más importantes de mi carrera como médico e investigador clínico»

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Carmine Zoccali (Reggio Calabria, Italia, 71 años), reputado nefrólogo, experto en la enfermedad renal crónica, ocupa desde 2017 la presidencia de la Asociación Renal Europea y la Asociación Europea de Diálisis y Trasplante (ERA EDTA, en sus siglas en inglés). En 2005, siendo el máximo responsable del Registro de esta asociación, se batió el cobre para conseguir que la renal fuera reconocida como lo que es, «una de las enfermedades crónicas más alarmantes en Europa» en este tercer milenio. «Creo que si ahora mismo se considera una prioridad real en Europa es en parte por las iniciativas que comenzamos entonces», dice. El 22 de octubre será investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo.

-Su primer Honoris Causa. ¿Qué supone para usted?

-He recibido importantes premios de fundaciones científicas como la American Kidney Foundation y soy miembro honorario de sociedades científicas, como la Sociedad Española de Nefrología, pero nunca había recibido un doctorado Honoris Causa. Es un gran honor. Uno de los momentos más importantes de mi carrera como médico e investigador clínico.

-Su padrino en la ceremonia será el doctor Jorge Cannata. ¿Qué vínculos le unen con él, con Asturias y con su Universidad?

-Mi padrino es antes que nada un amigo fraternal. Nos conocimos a principios de los 80, cuando ambos éramos jóvenes investigadores clínicos en Glasgow. A nuestras familias les une una gran amistad y a menudo, junto con nuestros hijos, hemos pasado largos fines de semana escoceses.

-¿Han tenido ocasión de trabajar en común posteriormente?

-Sí, trabajamos juntos para la Asociación Renal Europea y la Asociación Europea de Diálisis y Trasplante, una gran sociedad científica de la cual el profesor Jorge Cannata fue presidente entre 2004 y 2007. Desde 2017, lo soy yo. Juntos participamos en varios proyectos científicos internacionales, incluido el proyecto Cosmos, importante para el estudio de las alteraciones en el metabolismo mineral en pacientes en diálisis, diseñado y dirigido por el profesor Cannata.

-¿Ya tiene pensado el discurso que leerá en Oviedo?

-Hablaré sobre la enfermedad renal crónica. Forma parte de la epidemia de enfermedades crónicas que actualmente aflige a la humanidad. Hablaré de mis esfuerzos para que fuera reconocida como una prioridad de la salud pública en Europa, sobre sus factores de riesgo y las complicaciones cardiovasculares aparejadas. En mi carrera como investigador clínico, la investigación sobre estos factores de riesgo ha sido un tema dominante. Creo haber hecho una contribución significativa tanto para su identificación como para los mecanismos fisiopatológicos que inducen el daño cardiovascular y renal.

-¿Se fomenta suficientemente la investigación en este campo?

-La nefrología es una especialidad médica de alto rango que ha logrado resultados científicos y clínicos del más alto nivel en los últimos treinta años. El desafío actual es controlar la epidemia de la enfermedad renal crónica, una afección que conlleva una mayor frecuencia de diabetes y que aún permanece infravalorada en muchos países.

El primer trasplante

-¿Cuáles han sido los principales avances en esta especialidad?

-La nefrología fue la primera especialidad médica en construir un órgano artificial, lo que permitió el reemplazo de riñones enfermos. Lo mismo sucedió con el trasplante de órganos. El de riñón fue el primero en realizarse, muchos años antes del de corazón y de hígado. En la actualidad, millones de personas sobreviven en todo el mundo gracias a la diálisis y el trasplante renal.

-¿Y qué horizonte le depara?

-Ahora mismo, se proyecta hacia la medicina personalizada. La investigación sobre la enfermedad renal tiene como objetivo definir alteraciones genéticas y fisiopatológicas de forma individual y esbozar tratamientos basados en estas alteraciones.

-¿Por qué decidió en su momento especializarse en nefrología?

-Por pura casualidad. Yo quería ser neurólogo. Me incliné por la nefrología porque en 1972 conocí a mi mentor, el profesor Quirino Maggiore, quien estaba organizando un grupo joven para fundar una división de nefrología en mi ciudad, Reggio Calabria. Así que, pragmáticamente, decidí cambiar mi vocación.

-En su larga carrera profesional, ¿cuál ha sido su mayor logro?

-He tenido muchas satisfacciones profesionales, especialmente a nivel internacional y en la Asociación Renal Europea, donde he ocupado varios cargos hasta llegar, en la actualidad, a la presidencia. Probablemente la mayor fue diseñar y crear nuevas actividades del Registro del ERA EDTA que favorecieron su importante crecimiento científico en los años siguientes.

-Desde él impulsó la primera encuesta nacional sobre la enfermedad renal crónica.

-En 2005, fue ignorada por la Organización Mundial de la Salud, el Parlamento Europeo y la Comisión Europea. No se incluyó entre las enfermedades no transmisibles que constituyeron el mayor fenómeno epidémico de la segunda parte del segundo y el tercer milenio, que es el de las enfermedades crónicas. Como presidente del Registro de Diálisis y Trasplantes del ERA EDTA, consideraba que era inaceptable. Entré en contacto con un gran grupo de epidemiólogos que estaban elaborando un documento ambicioso sobre el estado de salud de la población europea y les propuse su inclusión entre las enfermedades crónicas más alarmantes en Europa.

-¿Y tuvo éxito?

-Me encontré con cierta resistencia inicial, pero logré convencerles. Luego me di cuenta de que el problema era que la investigación epidemiológica había sido subestimada en gran medida por los nefrólogos. Así que, con el personal del Registro Europeo, creamos un curso introductorio de epidemiología clínica itinerante que realizamos en nueve países europeos, entre ellos España. En cuatro años, más de doscientos nefrólogos jóvenes recibieron capacitación epidemiológica. Fue un éxito. Posteriormente, nació el Consorcio Europeo sobre la carga de la enfermedad renal crónica, que lleva a cabo estudios detallados en trece países europeos. Creo que si la enfermedad renal crónica se considera ahora mismo una prioridad real en Europa es en parte por las iniciativas que comenzamos en 2005.

Desaceleración

-¿Se dan en la actualidad más o menos casos de enfermedad renal?

-Es difícil saberlo porque no hay encuestas precisas que se repitan a lo largo de los años. Que en EE UU y otros países desarrollados el número de pacientes en diálisis se haya estabilizado parece sugerir que la epidemia ya no se está expandiendo. Sin embargo, es un indicador muy remoto y que no solo depende de factores médicos, también políticos y financieros. Sin embargo, la impresión es que la fase de crecimiento de esta epidemia se desaceleró.

-¿Cuáles son las recomendaciones básicas para garantizar el buen funcionamiento de nuestros riñones?

-Sobre todo, mantener un estilo de vida saludable. En personas que no fuman, que tienen un peso corporal adecuado, con niveles normales de presión arterial, colesterol y glucosa en sangre y que hacen ejercicio físico regularmente, el riesgo de enfermedad renal crónica y enfermedad cardiovascular es mínimo. Llevar una vida saludable protege el corazón y los riñones

-En Asturias faltan nefrólogos. Puede que, cuando venga, quieran ficharle...

-Es un problema común en muchos países. En Gran Bretaña hay ocho nefrólogos cada por millón de habitantes. En España, según datos de 2013, cuarenta. No conozco la situación específica de Asturias, pero me imagino que no es dramáticamente diferente a la del resto de España. En Italia, el número es un 20% más alto (50 por millón de habitantes), pero se considera insuficiente. En países como Gran Bretaña y Alemania, la respuesta de los hospitales públicos ha sido reestructurar las plantillas, aumentando el número de profesionales no médicos, como enfermeras, secretarias, especialistas en informática, psicólogos, trabajadores sociales... Los nefrólogos debemos aceptar este desafío y guiarlo en lugar de sufrirlo, como sucede hoy. Dicho esto, si pudiera volver atrás en el tiempo, me encantaría reiniciar mi carrera en Asturias.

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