María Luisa Carcedo: «El poder público está para aliviar no para hacer sufrir a las personas»

María Luisa Carcedo, en EL COMERCIO, durante la sesión fotográfica para la entrevista. / ARNALDO GARCÍA
María Luisa Carcedo, en EL COMERCIO, durante la sesión fotográfica para la entrevista. / ARNALDO GARCÍA

«Vamos a aumentar en un 15% las plazas de formación MIR, con eso confiamos en reducir poco a poco la falta de médicos en España», dice la ministra de Sanidad y número dos por el PSOE al Congreso

LAURA FONSECA GIJÓN.

María Luisa Carcedo (San Martín del Rey Aurelio, 1953), ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, compagina sus obligaciones en Madrid con la campaña electoral que acaba de arrancar. La número dos al Congreso por Asturias habla para EL COMERCIO de la eutanasia, la falta de medicamentos, la maternidad subrogada y la carencia de facultativos. También de elecciones, de Javier Fernández y José Mota.

-¿Qué tal estos días de campaña?

-Un poco duro, porque por la semana estoy en Madrid en el ministerio y los fines de semana de campaña por Asturias, pero bien, no me quejo.

-¿Cuántas campañas lleva ya?

-Puf, ni idea. Llevo participando desde que hay elecciones, ya sea como militante, como candidata o como lo que sea.

-Ha tenido muchos puestos de responsabilidad, el de ministra de Sanidad, ¿impone más?

-Tengo más visibilidad pero por lo demás me lo tomo con el mismo grado de responsabilidad que los anteriores. Hay que estar más pendiente de lo que digo y cómo lo digo, ya que al estar más en el foco cualquier desliz se paga caro.

-Vayamos al reciente caso de eutanasia en España, ¿qué pasará con Ángel Hernández, el marido que ayudó a morir a su esposa enferma, afectada durante más de treinta años de esclerosis múltiple?

-La vía judicial en la que se encuentra ahora mismo la desconozco, pero precisamente eso era lo que desde el PSOE queríamos cambiar y así lo planteamos en nuestra propuesta de ley que no salió adelante porque se opuso la derecha. Hay que cambiar el Código Penal para que la eutanasia deje de ser considerada como un delito y convertirla en un derecho de la persona. Dadas las circunstancias que rodearon a este último caso, en el que Ángel Hernández presentó un vídeo de todo el proceso, espero sentido común por parte de los jueces.

La ministra de Sanidad, sonriente.
La ministra de Sanidad, sonriente. / ARNALDO GARCÍA

-El juez lo consideró como violencia de género, ¿está de acuerdo?

-No, en absoluto. No fue violencia sino un acto de amor.

-¿Tendrá España alguna vez una ley que regule el uso eutanasia?

-Si el PSOE vuelve a estar en el Gobierno, por supuesto que lo haremos. Si no, presentaremos la ley que llevamos al Congreso. Pase lo que pase vamos a seguir insistiendo porque la eutanasia es un clamor ante determinadas situaciones. Los poderes públicos estamos para aliviar a las personas no para hacerlas sufrir.

-Entre las promesas del PSOE también figuraba acabar con el copago farmacéutico impuesto a los pensionistas, sin embargo, ahí sigue.

-No lo pudimos retirar como teníamos previsto porque no se aprobaron los presupuestos. No obstante, el compromiso de Pedro Sánchez, y así lo dijo públicamente, es que la primera ley que tramitará si resulta elegido presidente será la de los presupuestos de 2019 y ahí estará incluida la eliminación del copago para pensionistas de rentas más bajas (los que cobren menos de 11.300 euros al año), y también para las personas en activo con hijos a su cargo, que ganen menos de 12.300 euros.

-¿Sopesan volver a la situación que había antes de julio de 2012 cuando las medicinas eran gratuitas para los pensionistas?

-Iremos progresivamente, pero nos pareció más urgente empezar por los colectivos de rentas más bajas.

-Ya que estamos hablando de copago farmacéutico le quería preguntar por los problemas de desabastecimiento que está viviendo España y que afecta a pacientes a tratamiento con fármacos tan conocidos como Adiro, Cafinitrina o Dalsy. ¿Esa falta de existencias obedece a que los laboratorios surten menos a España porque aquí los fármacos son más baratos?

-No es un problema que tenga su origen en razones de precio, porque otros países como Francia y Reino Unido tienen las mismas dificultades. El 50% de las faltas se deben a problemas de fabricación. Ahora mismo, estamos elaborando un plan con las comunidades autónomas para detectar de forma preventiva cualquier falta de medicamento y comunicarlo. También pondremos en marcha acciones administrativas, incluso sanciones para que en caso de que un laboratorio que se hubiera comprometido a suministrar un medicamento, de repente no lo distribuya, podamos actuar. Entendemos que puede haber situaciones puntuales, pero no faltas reiteradas.

-¿Cuántos son los medicamentos afectados por desabastecimiento?

-En conjunto no llegan al 1,6%. No obstante, me gustaría tranquilizar a la ciudadanía y decirle que no hay una enfermedad que no tenga remedio terapéutico.

-¿La Cafinitrina tiene sustituto terapéutico?

-Es otra forma de presentación, un spray, pero lo tiene. Precisamente, lo que ocurre con la Cafinitrina es el caso más paradigmático porque estamos hablando de pacientes que llevan años tomando ese fármaco. Es uno de los casos en los que estamos peleando mucho ya que no entendemos esas faltas.

-Hay países que se están enfrentando al resurgimiento del sarampión por la decisión de algunas familias de no vacunar a sus hijos, ¿teme eso en España?

-Un niño sin vacunar es un riesgo para todos. En España, de momento, los movimientos antivacunas no suponen un problema porque los niveles de vacunación que tenemos superan el 97%. Pero no hay que bajar la guardia y tenemos que insistir en la necesidad de que se apliquen todas las vacunas recomendadas, incluso la de la gripe, donde hay un gran margen de mejoría, ya que estamos en cobertura del 50% cuando deberíamos rondar el 70%.

-¿Usted se vacuna contra la gripe?

-Sí, todos los años.

-Pero, si no está en los grupos de riesgo.

-Pero mi marido, que es médico, sí y lleva los virus a casa. La gripe no es una enfermedad banal, hay que tomarla muy en serio.

-Italia, primero, y últimamente Nueva York, anunciaron que prohibirán la matriculación escolar de aquellos niños que no demuestren tener aplicadas todas las vacunas. ¿Lo ve necesario en España?

-De momento, no. En Italia están en el 85% de cobertura y en Francia, en el 90%. En esos países sí tienen un problema serio.

-¿Barajan incorporar nuevas vacunas como la del meningococo B, que tanto demandan los padres?

-La decisión política del conjunto del Sistema Nacional de Salud, acordada en el pleno del Consejo Interterritorial, es que estas decisiones se adopten por quienes saben, que son los técnicos, las sociedades científicas, los epidemiólogos, pediatras, etcétera. La última reunión celebrada por la ponencia de vacunas de la Comisión de Salud Pública, donde todos estos profesionales están representados, decidió hace apenas un mes, no introducir la vacuna del meningococo B.

-¿Y cuáles son los argumentos para no recomendar su inclusión?

-La vacuna, de momento, tiene una cobertura en el tiempo escasísima y su efecto es bajo. Insisto, es una decisión epidemiológica y técnica.

-Pero hay comunidades, como Canarias y Castilla y León, que la han incorporado, ¿se equivocan estas autonomías?

-La han incorporado en contra del criterio de sus técnicos en la ponencia de vacunas, y por lo tanto se sale del acuerdo que manteníamos en el seno del Consejo Interterritorial, que después de años habíamos conseguido fijar un único calendario vacunal para todo el país.

-Maternidad subrogada, también conocida como vientre de alquiler. Hace unos meses usted la comparó con el tráfico de órganos, ¿un poco fuerte, no?

-Es verdad que dije lo que dije, pero hay que enmarcarlo en su contexto. En España la maternidad subrogada está prohibida y es cierto que hay parejas españolas que van a otros países donde sí está permitida esta práctica. Por eso creemos que debe haber un acuerdo de organismos internacionales como los hay sobre adopciones o sobre tráfico de órganos. Eso fue lo que dije y eso es lo que pienso. La subrogación de la maternidad es un tema muy delicado y controvertido porque estamos hablando de que se comercializa con mujeres y con niños. Es algo que afecta a los derechos humanos y a la dignidad de la persona, porque las mujeres que se prestan a eso la hacen por precarización económica.

-En España los vientres de alquiler no están permitidos, pero sí hay agencias que gestionan esta tramitación en el extranjero. Parece contradictorio, ¿no cree?

-Sí, lo que hay que ver es en qué medida es legal. Lo estamos estudiando.

-¿Las van a prohibir?

-Habría que analizar en qué medida el derecho internacional les puede afectar y eso no corresponde al Ministerio de Sanidad, pero habría que analizar si se está violando alguna norma.

-Pero una vez que esos niños llegan a España, tienen derecho a ser inscritos como tales, ¿no?

-En España al final se están registrando porque esos niños tienen derechos. Estamos hablando de niños no de muebles. Lo que ocurre, también, y en eso deberían pensar las parejas que optan por esta vía, es que esos niños carecen de su huella genética, algo cada vez más importante y con más peso a la hora de resolver o tratar enfermedades.

-Como contrapartida a la maternidad subrogada se habla de promover la adopción, pero adoptar un niño o una niña puede demorarse hasta una década. Muchas familias no lo ven viable.

-Hemos modificado recientemente el cambio de procedimiento para poder acelerar las adopciones internacionales. Se estaban produciendo disfunciones entre las comunidades autónomas y ahora lo hemos centralizado.

-Otro asunto importante que compete a su ministerio es el de la ley de la dependencia. Viendo la cantidad de personas a la espera de recibir atención, en Asturias cerca de 9.000 dependientes, con demoras de hasta año y medio, ¿cree que estamos ante una normativa que nació con mucha ambición pero que se quedó en el camino?

-No, lo que ocurre es que falta acabar de implementarla. Había una calendario de la ley para la incorporación de las personas en función a sus grados de dependencia. En general, existe un 19% de personas que están en el llamado 'limbo', que tienen reconocido el derecho pero no tienen la prestación. En Asturias, ese porcentaje es seis puntos menor. En el Principado se está gestionando muy bien la ley porque se está haciendo hincapié en la primera parte de la normativa, que es la promoción de la autonomía personal. Hay una treintena de centros de día y se mantuvo la atención a domicilio, más la red del ERA. Otras comunidades hicieron incompatibles dos tipos de ayudas y obligaron a las familias a optar.

-Pero, la demora para una valoración es de casi año y medio.

-Por supuesto que hay aspectos que debemos mejorar y lo estamos haciendo, pero en Asturias no se oirán casos como en Castilla y León que pagan 30 euros por atender a un gran dependiente.

-Bueno, anteayer mismo publicábamos en EL COMERCIO el caso de una mujer de 78 años que cobraba 54 euros al mes por cuidar a su marido con párkinson.

-Los diferentes casos dependen del grado de dependencia y de otras muchas circunstancias. Ya le digo que es una ley que necesita más desarrollo y despliegue. A partir de ahí habrá que buscar un sistema de financiación que la estabilice, para que la ley de la dependencia deje de tener todos estos sobresaltos.

-Desde su ministerio le han declarado la guerra a la homeopatía, ¿por qué ahora, después de tantos años de que la homeopatía campara a sus anchas, y por qué de forma tan contundente?

-Los poderes públicos tenemos una responsabilidad y tenemos la obligación de proteger la salud y de decirle a la ciudadanía qué sirve y qué no sirve. Cuando la gente deja un tratamiento de evidencia científica demostrada para pasarse a la homeopatía, que en la mayoría de los casos, es agua con azúcar, estamos hablando de algo muy grave. Le voy a dar un dato claro: de las 20.000 solicitudes de registro de productos homeopáticos solamente doce tienen indicación terapéutica.

-Pasemos al tema de la falta de médicos, ¿hay sangría de facultativos?

-Si nos comparamos con los países del entorno, estamos en la media. ¿Qué sucede? Que están mal distribuidos. Como solución estamos elaborando un plan a corto y medio plazo con las comunidades autónomas.

-¿En qué consiste ese plan?

-Vamos a aumentar las plazas de formación en aquellas especialidades con mayor necesidad de personal. En dos años, el incremento va a superar el 15% y estimamos que poco a poco se vaya equilibrando. Otra medida que vamos a implementar es impulsar, una vez más, la Atención Primaria.

-¿Dónde hay más carencias?

-En medicina de familia y en pediatría, las que más. También en medicina laboral.

-¿Asturias cómo se ubica en el ránking autonómico?

-No sale tan mal parada.

-¿Y prolongar la edad de jubilación de los médicos?

-Se está haciendo en muchas comunidades, Asturias entre ellas.

-¿Y contratación de profesionales de fuera?

-Queremos que la gente que venga esté al nivel de nuestra formación, que es muy alto. Vamos a hacer un examen para después del verano para médicos extranjeros que no hayan acreditado bien su nivel.

-¿Son muchos los que quieren venir a trabajar a España?

-Ahora mismo tenemos unas cuatro mil peticiones. Estimamos, que unos dos mil quinientos cumplen los criterios para presentarse al examen de acreditación.

-Usted es médica y ejerció varios años en Atención Primaria, ¿no le dio pena dejar la medicina?

-Muchísima pena... Al principio intenté seguir formándome para no perder el hilo, pero enseguida lo tuve que dejar, porque el día a día te devora. Me costó mucho tomar la decisión. Recuerdo que cuando empecé como portavoz parlamentaria les dije a mis compañeros que mi tope estaba en un año.... y ya ve (risas).

-Al final acabó 'enganchándose' más la política que la consulta.

-Es que cuando te metes en harina... Cuando empecé eran unos años en que había muchísimo por hacer, teníamos por delante toda la creación de lo que ahora conocemos como red de Atención Primaria.

-Para terminar y como diría el cómico José Mota, 'una pregunta muy tonta', ¿qué le pareció su imitación en las pasadas navidades? ¿Le molestó?

-(Risas). ¡Qué va! No me molestó en absoluto. Me pareció muy divertida y me reí mucho al verla.

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