El balcón marítimo que cambió Salinas

Imagen de buena parte del paseo de la playa de Salinas captada desde la zona de Pinos Altos. / FOTOS: MARIETA / OMAR ANTUÑA
Imagen de buena parte del paseo de la playa de Salinas captada desde la zona de Pinos Altos. / FOTOS: MARIETA / OMAR ANTUÑA

Vecinos y profesionales de la localidad celebran los veinticinco años de la reinauguración del paseo

SHEYLA GONZÁLEZSALINAS.

La madrugada del 30 de enero de 1990, cuando Salinas dormía, el 'Paseo del Cantábrico' se venía abajo. Una catástrofe que acabó de confirmarse un 12 de febrero con el derrumbe del tramo que se mantenía en pie. Hoy son miles las personas que disfrutan de sus caminatas, carreras o de sus vistas. Se cumplen 25 años de su reconstrucción.

El paseo resurgió de sus cenizas, no sin problemas, pues se han tenido que invertir tras esa inauguración de agosto de 1994 muchos millones de euros para mantenerlo en perfectas condiciones. Son los salineros quienes lo disfrutan, pero también muchos turistas que cada año eligen la localidad costera para pasar sus vacaciones o días libres. Son ellos, los que lo recorren a diario, quienes se aprovechan de su potencial quienes colocan las velas en el pastel del aniversario para celebrar su reinauguración.

Hosteleros a pie de playa, socorristas en perpetua vigilancia, deportistas en busca de la mejor ola, vecinos paseando. El paseo se ha convertido en un auténtico balcón hacia el mar Cantábrico. Lo que algunos definen como una «joya» otros ven en él un potencial dinamizador de la localidad. Versátil, largo, amplio y con la altura suficiente para servir de mirador.

El equipo de Salvamento en Playas de Castrillón, compuesto por 36 socorristas liderados por Ignacio Flórez, su coordinador, aprovechan su altura día tras día. Con sus prismáticos y su material cerca para salir corriendo ante cualquier incidencia. Antes de que el paseo se reconstruyera, los socorristas vigilaban el arenal a pie de playa. Su puesto se encontraba en la escalera ocho, debajo del paseo. «Siempre subíamos para estar en altura y ver mejor. Cuando se reinauguró, la Casa de Salvamento se pasó a la parte superior. Ahora te facilita la vigilancia», destaca Flórez, que junto a su equipo velan porque todos los bañistas estén seguros en Salinas, siempre al tanto de posibles complicaciones.

El coste de reconstrucción del paseo, que se había venido abajo desde los Gauzones hasta el Náutico costó 430 millones de pesetas. Una gran cantidad que debió verse reforzada dos años después de la inauguración pues en 1996 se derrumbaba parte del muro del Náutico. «Mi familia es toda de Salinas, yo me acuerdo de todo lo que pasó aquellos años de cómo era la localidad antes y cómo es ahora. Contar con este nuevo paseo ayudó a revitalizarla», recalca Guillermo González, propietario del restaurante Ewan, ubicado junto a la antigua plaza de Los Patos.

Su establecimiento abre todo el año y es testigo directo de la actividad del paseo pues su terraza es una prolongación del mismo. No en vano ha conseguido situarse como una de las mejores de España. «Gracias al paseo y a la hostelería, que también ha sabido reinventarse, Salinas tiene actividad todo el año», comenta González, que señala como «antes todo se concentraba en la temporada estival, ahora te vienes en noviembre o en febrero y ves a gente paseando, corriendo o simplemente mirando por la barandilla. Tiene vida todo el año».

En verano la localidad vive su máximo apogeo pues muchas de las viviendas vacías se llenan de familias, la mayoría procedentes de Madrid. Pero también recibe a muchos turistas de diferentes partes de España, que buscan en ella su gran playa, sus caminatas sobre el paseo y la actividad deportiva. Salinas se ha convertido en ciudad del surf con el esfuerzo de sus escuelas, de los propios deportistas y en los últimos años reforzada por la política turística del Ayuntamiento de Castrillón. Son precisamente los surfistas quienes más veces recorren el paseo a diario.

Aliado de surfistas

Se cuentan por decenas y es que «cuando coges la tabla el paseo te da una vista general de las olas que no tienes a pie de playa», recalca Carlos Meana, surfista, propietario de una escuela y albergue de surf y uno de los promotores del festival Surf, Music and Friends. «Es una suerte tener el paseo, aunque desde el punto de vista medioambiental no sea lo más aconsejable, es un gran atractivo», recalca Meana, que añade que «el paseo es muy cómodo para los espectadores que vienen al festival porque les permite seguir de cerca las competiciones pero también disfrutar de las puestas de sol, que en Salinas son espectaculares».

Precisamente son esas vistas las que cada día reclaman los clientes del Restaurante Las Conchas. Abrió en los bajos de uno de los edificios que se encuentran a pie de playa en la década de los 70 y desde entonces ha sido testigo de la evolución del paseo y con él de la playa, con sus pérdidas de arena incluidas. Jorge Menéndez tomó las riendas tras jubilarse sus padres y desde que él regenta el restaurante constata como cada día «todos los clientes te piden sentarse en las mesas que están más cerca de la cristalera, las que tienen vistas al paseo». Tiene varias pero siempre son pocas para la clientela que recibe cada mes. «Se vino abajo por culpa del agua y de la falta de arena pero ahora tenemos otro paseo que nos deja unas vistas increíbles, nosotros vivimos con ellas todos los días», destaca Jorge Menéndez.

Aunque los turistas, los visitantes de fin de semana o los hosteleros de la localidad se benefician del paseo y sus características, son los vecinos de Salinas quienes disfrutan del 'Paseo del Cantábrico' cada día. Gustavo Prieto representa a la Asociación de Vecinos Amigos de Salinas, que aglutina, como socios, a un buen número de esos vecinos.

«El paseo de Salinas es, sin duda, uno de los mejores de Asturias, la parte ampliada desde el Náutico hasta La Peñona le da un plus», explica Gustavo Prieto. Muchos vecinos lo utilizan para desplazarse hasta Arnao y viceversa por ello cada día se ven a numerosas personas cruzar al otro lado del túnel. «No solo en verano ves a gente pasear, también en invierno y más estos últimos años con los días de calor que vienen en esos meses», destaca Prieto.

De cara al próximo aniversario quienes residen en Salinas piden mejoras en el alumbrado y dar más utilidad a la antigua plaza de Los Patos y a la plazoleta frente al Náutico. «Estaría bien que volvieran a ser un punto de encuentro tanto para los que residen aquí como para los turistas como era antes», resaltan desde la entidad vecinal.