Cinco kilómetros de paseo y piscina a los noventa años

José Luis Iglesias y Anita Tuero, con sus distinciones. /
José Luis Iglesias y Anita Tuero, con sus distinciones.

Villaviciosa distingue a Anita Tuero, de Casa Tero en Villaverde, y a José Luis Iglesias, de Rales, como abuelos del concejo 2018

E. RODRÍGUEZ VILLAVICIOSA.

«Me casé con diecisiete años y cuando empecé a trabajar en Casa Tero, el bar-tienda y restaurante de la familia de mi marido, no sabía ni partir un pollo ni hacer una fabada. Recuerdo un día en que me dijo mi suegra (Encarnación Carrera) que llevara un café a unos clientes y me moría de la vergüenza». Quién le iba a decir entonces a Anita Tuero Pidal que, con sus guisos, iba a hacer de Casa Tero uno de los lugares más afamados del concejo, un lugar de referencia en Villaverde de la Marina muy frecuentado por semana por viajantes y tratantes de ganado, donde llegó a servir menús a 176 comensales, «el día que más».

«Ha sido una vida de mucho trabajo», señalaba ayer Anita, la mayor de dos hermanos y que perdió a su madre con solo cinco años. Lo decía en el homenaje que le brindó el Ayuntamiento de Villaviciosa como abuela 2018 al ser, a sus noventa años, una de las dos personas de más edad inscritas en la jornada de convivencia de los mayores, con 420 asistentes.

Casada con José Manuel Meana (fallecido en 2011), madre de dos hijas (María del Pilar y Ana María), abuela de cinco nietos y bisabuela de un biznieto, Anita hizo de Casa Tero un lugar familiar y de encuentro. «Había mujeres que los domingos subían los platos cocinados y los calentaban en la cocina de carbón que tenía. De allí, los maridos se iban al fútbol, a ver el Sporting, y ellas se quedaban jugando al chinchón», rememoraba con gracia. «El miércoles del Portal se cerraba, aunque despachábamos pronto el pan». En el momento en que su marido se jubiló, el negocio pasó de manos. Ahora, con una vida más sosegada, sigue activa y es asidua a la piscina de la villa. «Me pongo el cinturón por nadar más tranquila -ríe-, pero nado tres cuartos de hora». Dice que tiene algo de lumbago y que la parálisis que tuvo de pequeña en una pierna le frena un poco el ritmo, «pero salvo eso y las varices, no he tenido ninguna enfermedad». ¿El secreto para llegar a los noventa? «Trabajar, no tener enfermedades, querer a la familia y que te quieran».

José Luis Iglesias Fresno, que en enero cumplirá 91 años, también fue agasajado como abuelo 2018. Vecino de San Feliz (Rales), de 'Casa Castañera', ha sido el pequeño de sus hermanos (seis, el último murió a edad temprana) y ha dedicado toda su vida al campo. «Fui poco a la escuela, porque había que cuidar del ganado. Y teníamos el justo, de carne y leche, porque no había mucho para mantenerlo». La guerra civil estalló cuando tenía ocho años, pero de eso no le gusta hablar. «Pasamos algo de fame, porque no había pan y nos alimentábamos de torta de maíz». En definitiva, «tuve que trabajar mucho de pequeño, porque entonces solo había la tarde del domingo para descansar». Sin embargo, eso no ha alterado su amplia sonrisa. Sigue yendo a desbrozar y camina 3,5 kilómetros por la mañaña, toma un vinín, echa la siesta y luego vuelve a salir para dar otro paseo de dos kilómetros. Casado con Felicita Rodríguez, padre de Luis y nieto de Eva, hasta los 80 no tuvo diabetes ni tensión. Asiduo a la jornada de convivencia de mayores desde hace 24 años, ayer levantó con orgullo su distinción a una vida ejemplar.

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