«No somos conscientes del valor de los hórreos»

Varios participantes pasan bajo uno de los hórreos de Sietes. / CANDELA DEL VALLE
Varios participantes pasan bajo uno de los hórreos de Sietes. / CANDELA DEL VALLE

Los participantes de la primera jornada del autobús etnográfico de la Fundación Cardín piden que se proteja más el patrimonio arquitectónico

CANDELA DEL VALLE VILLAVICIOSA.

La Fundación José Fernández Cardín inauguró ayer la tercera edición de su recorrido veraniego en el autobús etnográfico. Sus participantes disfrutaron de una ruta de casi cuatro horas por los principales hórreos repartidos en el pueblo de Sietes mientras atendían a las explicaciones y anécdotas que Rebeca Meana, 'community manager' de la fundación, e Isidoro Granja, responsable de La Casa L'Horru de Villaviciosa, iban contando. El grupo -formado por 17 personas de León, Galicia y Asturias, principalmente- se mostró muy interesado, aunque manifestó su «tristeza» por el «abandono y el desuso en el que han caído algunas de estas joyas».

«Es una auténtica pena que no mucha gente conozca la historia de los hórreos», añadían. «Deberían promocionarse más para el turismo y para los propios asturianos porque estamos tan acostumbrados a verlos que no reparamos en ellos y en el patrimonio tan importante que son», señalaban algunos participantes. Los hórreos y paneras asturianas se ven amenazados, principalmente, por la pérdida de su función tradicional «como despensa» y por la despoblación que ha azotado buena parte de las zonas rurales en las que se encuentran: muchos hórreos han pasado de generación en generación y sus actuales dueños, que ya no viven en la zona, «no pueden hacerse cargo de ellos». «Se derrumban sobre sí mismos porque nadie los cuida. Mientras estén en uso no se estropean, pero las ayudas son muy pocas», explicaba Rebeca Meana.

Algunos de estos tesoros arquitectónicos tienen una antigüedad de más de 500 años: «El pueblo de Sietes conserva aún hoy en buenas condiciones hórreos del estilo Villaviciosa datados en el siglo XVI y XVII», contaban al grupo Rebeca Meana e Isidoro Granja. El testimonio de su longevidad puede observarse, por ejemplo, en uno de ellos, ubicado en el área de Piedrafita, en el que puede leerse en un grabado tallado en la madera de su parte frontal: «Este orio se izo el año 1647». En otro localizado también en Piedrafita puede percibirse la inscripción «1507» junto a otros motivos cargados de simbología de la arquitectura asturiana rural: cruces, discos solares y trisqueles. El más antiguo del que se tiene constancia hasta la fecha data del año 1505. «Tenemos además la firma de algunos carpinteros», destacó Meana.

Otro de los principales obstáculos a la hora de promocionarlos turísticamente reside en la ausencia de un censo fiable en la región. «Nadie sabe cuántos hay exactamente en Asturias. Se estima que en torno a 20.000», apuntó Isidoro Granja. Un millar de ellos datan del siglo XVI y se conservan en buen estado. «Son joyas que hay que venir a visitar», animó Isidoro Granja. El resto de los sábados de este mes, el autobús volverá a recorrer esta ruta. Para participar, hay que inscribirse en la Fundación Cardín.

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