Hace creer a su abuelo que tiene un tumor y se apropia de 45.000 euros

La Fiscalía, que pide un año y nueve meses de cárcel, acusa a una mujer de Pravia de trato degradante a un anciano de 94 años, ya fallecido

C. DEL RÍO PRAVIA.

La Fiscalía del Principado de Asturias solicita un año y nueve meses de prisión para una praviana a la que acusa de aislar a su abuelo de 94 años, hacerle creer que tenía un tumor cerebral, cambiarle la medicación e inmovilizarlo con una sábana para darle pastillas. El juicio se celebrará el lunes en el Juzgado de lo Penal número 2 de Avilés.

La acusada defiende su inocencia y argumenta que está en libertad sin ningún tipo de medida restrictiva desde 2014, cuando supuestamente ocurrieron los hechos. En declaraciones a este periódico afirmó que todo se debe a una persecución personal de parte de su familia derivada de problemas por el reparto de una herencia.

Según el Ministerio Público, el abuelo de la acusada tenía buena salud a los 94 años. Solo sufría insomnio y depresión a raíz del fallecimiento de su mujer. Residió en Villaviciosa hasta que sufrió una caída en febrero de 2014 y su nieta lo trasladó a Pravia para que residiera con ella y otros familiares.

La acusada defiende su inocencia y afirma que hay una persecución personal por la herencia

El Ministerio Fiscal sostiene que, desde ese momento, la acusada privó a su abuelo de todo contacto tanto con sus familiares de Villaviciosa como con los nuevos vecinos. «Le manejaba las cuentas y disponía de su dinero; además, le hizo creer que padecía un tumor cerebral, lo que motivó que el hombre le entregase de forma voluntaria a la acusada 45.000 euros para curarse», reza textualmente el escrito de acusación.

Continúa diciendo que la acusada controlaba y guardaba la medicación del anciano y que, por sí misma y sin autorización médica, se la cambió. La cuidadora contratada por ella le suministró, por indicación de la acusada, dos pastillas de Orfidal por la mañana con el desayuno, otras dos con la merienda y tres gotas de Haloperidol, tres veces al día, desde el 15 de abril de 2014. En una ocasión, la nieta inmovilizó al hombre con una sábana porque se negaba a tomarla y le sujetó el brazo para suministrársela.

Pocos días después, siempre según la acusación de la Fiscalía, la acusada recibió una llamada telefónica en la que se le informó de que se le había adjudicado a su abuelo una plaza en la Residencia de San Francisco de Villaviciosa. A la hora de la comida, le dio la medicación prescrita por el médico y en las dosis pautadas. Era Escitalopram 10 mg (un comprimido cada veinticuatro horas), Orfidal 1 mg (un comprimido cada veinticuatro horas) y Adiro (un comprimido cada veinticuatro horas). Además, un neurólogo privado le había prescrito la toma de Mysoline. Sin embargo, la asociación de benzodiacepinas con barbitúricos, sustancias detectadas en el estudio toxicológico, provocaron en el anciano un efecto secundario de depresión respiratoria que, asociado a su edad, le provocó la muerte ese mismo día. La Fiscalía no le imputa el fallecimiento a la acusada porque las muestras detectadas en el cuerpo del finado «derivan todas ellas de medicinas prescritas por el médico y en cantidad no solo no letal, sino en rango terapéutico».

La Fiscalía considera que los hechos son constitutivos de un delito de trato degradante y solicita la condena de la acusada a un año y nueve meses de prisión. En el juicio, la praviana no solo se enfrentará a la acusación del Ministerio Público, también a la de parte de su familia, cuyo escrito de acusación no ha trascendido.

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