«Deben cuidar al nuevo cura y olvidar al otro, porque esa fue una etapa que pasó»

El párroco de Santa María de Luanco, Cipriano Díaz / P. G.-P.
El párroco de Santa María de Luanco, Cipriano Díaz / P. G.-P.

El párroco de Santa María de Luanco, Cipriano Díaz, accede a la jubilación con 82 años y tras 56 de intenso apostolado

P. G.-PUMARINO LUANCO.

«Deben cuidar al nuevo cura y olvidar al otro, porque esa fue una etapa que ya pasó». Este fue el mensaje del padre Cipriano Díaz a sus feligreses tras hacerse oficial por parte de la Archidiócesis de Oviedo su sustitución al frente de la unidad pastoral de Luanco. El testigo ahora lo recogerá el sacerdote de origen burgalés y formado en Asturias, Alejandro Rodríguez Catalina.

Díaz, natural de la localidad naveta de Tesali, en 1942 inició sus estudios de seminarista en Valdediós (Villaviciosa). Cursando estudios más tarde de bachillerato en Oviedo, en 1962, fue ordenado sacerdote siendo su primer destino la localidad de Turón, en Mieres. Tras ejercer como coadjutor en varias parroquias de la región y tras pasar un año en México, retomó su apostolado en la localidad maliaya de Careñes. El 31 de enero de 1996 tomó posesión de la parroquia de Santa María de Luanco, donde permaneció hasta ahora, que le llega la jubilación a los 82 años y con 56 de ejercicio del apostolado. Su importante legado a lo largo de casi 22 años como cura párroco de la capital del concejo de Gozón y de las pedanías de San Martín de Bocines y Santa Eulalia de Nembro, pasa por el sostenimiento de los edificios religiosos. «Puedo afirmar que, cuando llegué a este pueblo, de no tomar medidas la iglesia se hubiera caído. La bóveda de entrada llegó a ceder hasta 17 centímetros amenazando con el desplome del coro». Más tarde, fue la renovación de toda la cubierta: «Algunos de los entramados de madera que la sostenían estaban atados con alambre». Luego, llegó la restauración de los retablos afectados por la polilla, el acceso y los suelos de la torre y, por último, las reformas de las casas rectorales de Luanco, Santa Eulalia y San Martín de Bocines. Su más reciente preocupación fueron las humedades que afectan a la cimentación de la iglesia. «Ahora tenemos jaulas, pero faltan jilgueros en su interior». Así explica el padre Cipriano Díaz la realidad del notable descenso en la asistencia a la Eucaristía desde hace años. «Mi mensaje a los que me sustituyen es que aquí tenéis que arar con los bueyes que tenéis, no con los que teníais o los que quisierais tener», zanjó.

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