Diego Cuervo dice que se durmió al volante y que solo bebió «lo normal»

El exconcejal praviano Diego Cuervo Menes, ayer, en el banquillo de los acusados. /  MARIETA
El exconcejal praviano Diego Cuervo Menes, ayer, en el banquillo de los acusados. / MARIETA

El exconcejal praviano reconoce que invadió el carril contrario, pero su defensa niega la validez de las pruebas de alcoholemia

C. DEL RÍO

El exedil praviano Diego Cuervo Menes negó ayer estar bajo los efectos del alcohol cuando invadió el carril contrario en la carretera AS-16 la madrugada del 23 de julio de 2017 y se empotró frontalmente contra otro vehículo, cuyo conductor y único ocupante del vehículo murió en el acto. «Yo invado el carril contrario porque me duermo», explicó en el Juzgado de lo Penal Número 2 de Avilés, en el que ayer se celebró una vista oral que su defensa trató de evitar al alcanzar un acuerdo con la Fiscalía que no aceptó la familia de la víctima. Su representación, el abogado Javier Moure, señaló a la salida del juicio que Cuervo «nunca pidió perdón» y que su conducta en el último año y medio no ha sido la correcta, «máxime siendo un cargo público».

Diego Cuervo Menes, que se enfrenta a cuatro años de cárcel y seis de privación de conducir vehículos a motor por los delitos de homicidio imprudente y conducción temeraria, aseguró que «había bebido lo normal en una boda: vino en la comida, un vermut y una copa después. Después, solo agua y refrescos». A preguntas de las partes, indicó que regresó a Pravia desde Salinas, donde había tenido lugar la celebración, con el resto de invitados en autobús y allí cogió su coche para dirigirse a su domicilio, a unos tres kilómetros de distancia.

Aseguró que se sentía «en condiciones» para conducir e insistió en que «me duermo por el cansancio, de hecho en el autobús casi todos íbamos durmiendo». Rechazó haber colisionado previamente al accidente contra una valla de seguridad lateral («o tal vez no lo recuerdo», matizó) y explicó los golpes en esa parte a la vejez y mal estado de su coche. Asimismo, aseguró que no se le informó de la tasa de alcoholemia arrojada, así como de la posibilidad de solicitar una prueba de contraste en el Hospital Universitario San Agustín. «Nunca había realizado ninguna. No sabía el protocolo. Lo habría hecho de haberlo sabido, seguro», afirmó.

«Le tuve que sujetar del brazo para ir al furgón porque no era capaz de ir solo», afirmó un agente La familia echó de menos que el acusado pidiera perdón, según su abogado

Su declaración exculpatoria se topó de bruces con la contundente defensa de la investigación que los dos guardias civiles que primero llegaron al lugar del accidente describieron en la sala. Por separado, coincidieron en señalar que «sin ninguna duda, tenía síntomas de ingesta de alcohol».

Según explicó el que examinó el coche de Diego Cuervo en el taller, presentaba dos marcas «muy características» y «recientes» en el lateral derecho que no se correspondían con el accidente y que atribuyó a una colisión anterior, en punto kilométrico 8,600, contra la valla de seguridad de la carretera, en la que había quedado pintura de color azul. El exconcejal había declarado que su coche era viejo y estaba lleno de golpes.

Respecto a la prueba de alcoholemia, que su defensa trata de invalidar al argumentar que se vulneraron los derechos constitucionales de su cliente, el agente explicó que, antes de realizarla, ya les había llamado la atención «que tiene que estar recostado en el vehículo, el habla es pastosa, no ofrece respuestas claras y desprende un olor muy fuerte a alcohol. No tengo ningún tipo de duda de que estaba bajo los efectos del alcohol».

Explicó que entre las dos pruebas de alcoholemia tienen que pasar diez minutos, aunque en este caso pasaron cuarenta porque esperaron a que el acusado recibiera las primeras atenciones médicas en la ambulancia. La primera prueba se realizó en el furgón de la Guardia Civil y la segunda, en el interior de la UVI móvil. Acerca del aturdimiento y la conmoción por el accidente con la que Diego Cuervo trató de explicar unos síntomas que los agentes atribuían a la ebriedad, los guardias civiles afirmaron respectivamente que «no presentaba lesiones tan graves, de hecho, no tenía ninguna lesión que requiera atención urgente» y que tuvo que ser sujetado para desplazarse diez metros hasta el furgón. «Le tuve que sujetar del brazo porque no era capaz de ir solo», manifestó.

Asimismo, indicaron que sí se le había informado de la tasa de alcoholemia en ambas pruebas y la posibilidad que tenía de contrastarlo en el hospital. «Se le informó conforme a lo estipulado, otra cosa es que no lo recuerde», aseveró uno de ellos.

Sobre el ticket intermedio (el 302) entre las pruebas de alcoholemia 301 y 303 en las que el exconcejal arrojó 0,86 y 0,87, respectivamente, explicaron que el alcoholímetro es «tan sensible y preciso» que midió el alcohol que había en el ambiente en el interior de la ambulancia en la que estaba siendo atendido «porque una de las formas que tiene el cuerpo de eliminar el alcohol del cuerpo es por la respiración». Por ello, antes de realizar la segunda prueba, tuvieron que abrir el vehículo para ventilarlo.

La defensa, que solicita la absolución y que sea valorado como un delito imprudente, que acarrearía una pena de cárcel menor, llevó a un par de asistentes a la boda a declarar como testigos. Ninguno apreció que Diego Cuervo fuera bebido y por eso no les extrañó que cogiera el coche. En la misma línea declararon los dos vecinos de Pravia que primero llegaron al lugar del accidente, antes incluso que la Guardia Civil, ante uno de los cuales el exconcejal se lamentó: «¡La que armé, la que armé!».

Miguel Ángel Fernández Rodríguez, abogado de Cuervo, pide que el abono de la responsabilidad civil (260.000 euros) se tenga en cuenta como atenuante. El caso ha quedado visto para sentencia.

 

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