Emotivo adiós a Teresa Rendueles, «una mujer alegre y muy querida»

La iglesia de Quintes se llenó en la despedida a la hostelera Teresa Rendueles. / A. G.-O.
La iglesia de Quintes se llenó en la despedida a la hostelera Teresa Rendueles. / A. G.-O.

Cientos de amigos y clientes llenan la iglesia de Quintes para despedir a la propietaria de Casa Kilo durante casi medio siglo

A. G.-OVIES VILLAVICIOSA.

El eco de la gaita y el tambor sonaron ayer en una iglesia de Quintes repleta. Ni un banco vacío, ni un espacio para estar de pie. Cientos de personas se congregaron para despedir a Teresa Rendueles, propietaria de Casa Kilo, fallecida a los 72 años después de varios meses luchando contra una dura enfermedad. Su pérdida el pasado martes supuso un duro golpe para la parroquia maliaya, donde residió durante toda su vida y donde se había hecho muy conocida y querida por todos.

El cariño y el respeto que la cocinera se ganó a lo largo de su larga trayectoria profesional se reflejaba ayer en los rostros afligidos de quienes tuvieron la oportunidad de conocerla. «Era de Quintes de toda la vida. Una persona alegre y muy querida. Para nosotros era como una más de casa», aseguraron sus allegados. Era, además, una vecina comprometida con la parroquia y no dudaba en colaborar con todo aquello que fuera necesario como reconoció su buen amigo desde la infancia, Julián Caicoya.

Rendueles se hizo cargo del negocio familiar en 1972 junto a su marido, Abel Buznego. Ambos lograron sacar adelante un negocio por el que pasaban habitualmente algunos de los deportistas y políticos más conocidos de la región como el futbolista David Villa, que en estas fechas navideñas era fiel a su cita con Kilo. Muchos de ellos quisieron arropar ayer a la familia. Al funeral acudieron, entre otros, los ediles del Ayuntamiento de Gijón Fernando Couto y Jesús Martínez Salvador. Tampoco faltaron directivos del Sporting de Gijón, club del que la maliaya era una gran aficionada. Junto a la peña de Casa Kilo acudía en numerosas ocasiones a los partidos que el equipo rojiblanco disputaba fuera de Asturias.

Los últimos años Rendueles se había alejado de los fogones, «una de sus pasiones», para disfrutar más de su tiempo libre, dejando el restaurante en manos de su hijo, Rodrigo Buznego. Pasaba largas horas pintando y le gustaban las manualidades. En esta época navideña no era díficil verla decorando cada rincón del establecimiento. Además, disfrutaba viajando.

«Se le va a echar mucho en falta. Es algo muy duro», afirmaron los asistentes al funeral. Tras la homilía en la iglesia parroquial, los restos de Rendueles fueron trasladados al cementerio local, donde fue enterrada.