«Si nos faltasen Las Clarisas, seríamos un poco más pobres»

El arzobispo, tras la imagen de Santa Clara en la procesión. /  A. G.-O.
El arzobispo, tras la imagen de Santa Clara en la procesión. / A. G.-O.

El arzobispo Jesús Sanz Montes oficia en Villaviciosa la misa por Santa Clara, quien escribió la primera regla monástica para mujeres

A. G.-OVIES VILLAVICIOSA.

Fue la primera mujer en escribir una regla monástica por y para mujeres. Alguien que, en palabras del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, «tuvo que pelear con todo lo que nos pone zancadillas a lo largo de la vida». La figura de Santa Clara fue recordada ayer durante la celebración de su festividad en la iglesia de Las Clarisas, en Villaviciosa, que se llenó para festejar uno de los días más especiales para las ocho monjas que viven en el monasterio maliayo.

El arzobispo fue, como ya ocurriera en años anteriores, el encargado de oficiar la misa, en la que recordó que sus estudios doctorales giraron en torno a la figura de Santa Clara. «Cuando era seminarista diocesano y llamaba a cualquier entorno donde vivieran Las Clarisas siempre me sobrecogía. Allí encontraba la paz que me faltaba», relató. Por ello, aseguró que «si nos faltasen, seríamos un poco más pobres. Son un lujo. Es un regalo que nos comunica, a los que vamos por mil camino, cuál es el destino correcto para llegar a Jesús».

En su homilía, Montes también destacó la importancia de los santos para la comunidad cristiana, puesto que son «voces humanas en las que resuenan las palabras de Jesús». Por ello, afirmó, «los religiosos debemos dar testimonio de ellos cada día mejor».

Venta de dulces

Tras el acto religioso, que se celebró en una iglesia repleta de feligreses, tuvo lugar la tradicional procesión por el entorno del monasterio y la iglesia de Santa María. Al finalizar el recorrido, el grupo de baile Aires de Asturias interpretó varias coreografías para disfrute de las decenas de asistentes que se congregaron en la calle. Como ocurriera por primera vez el año pasado, las monjas instalaron a la entrada del edificio un puesto para vender la repostería que elaboran durante todo el año. Varias voluntarias se encargaron de atender las múltiples peticiones de vecinos y turistas, que en pocos minutos ya habían casi acabado con las existencias.

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