«Me increparon sin motivo y me golpearon en la cabeza con una azada»

Brayan Tuero, de espaldas tras su padre y el vecino que lo acusa de agresión. / CAROLINA SANTOS
Brayan Tuero, de espaldas tras su padre y el vecino que lo acusa de agresión. / CAROLINA SANTOS

Un vecino de Villaviciosa acusa a Brayan Tuero, en prisión por el asesinato de Adrián Gancedo, y a su padre de haberle agredido en una disputa vecinal

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

«Iba con el tractor a recoger hierba cuando sentí unos golpes. Brayan llegó y me acusó de haberle tirado una carretilla con patatas. Cuando me bajé a ver qué pasaba me pegó un puñetazo. Luego llegó su padre y me golpeó con una azada en la cabeza y caí al suelo inconsciente». J. R. J., vecino de Villaviciosa, declaró ayer ante el magistrado del Juzgado de lo Penal número 1 haber sido víctima de una agresión por parte de Brayan Tuero -en prisión por apuñalar y causar la muerte del joven Adrián Gancedo- y su padre, Jesús, para los que la Fiscalía solicita una condena de tres años de prisión por un delito de lesiones. «Somos casi vecinos y es cierto que habíamos tenido algún problema anterior», reconoció el agredido, quien a su vez también está acusado de un delito de lesiones y amenazas por este mismo caso, en el que las versiones de los involucrados son radicalmente opuestas.

Tuero, que actualmente cumple una condena por homicidio en el centro penitenciario de Asturias, negó ante el magistrado la versión ofrecida por la parte contraria. «Estábamos sembrando patatas y nos golpeó la carretilla. Yo le pegué unas palmadas en el tractor para que frenase. Entonces, él se bajó, pegó una patada a nuestro perro, empujó a la pareja de mi padre y me agarró del cuello amenazándome de muerte. Caímos los dos al suelo y, cuando conseguí soltarme, fue al tractor y cogió una guadaña. Tuve que salir corriendo», relató el homicida de Villaviciosa en una versión respaldada por su padre.

También coincidió en lo relatado, o al menos lo intentó, la expareja de este último, la cual afirma haber sufrido una serie de lesiones a consecuencia de un puñetazo propinado por J. R. J. «Me pegó por la espalda y caí de rodillas al suelo. Amenazó de muerte a Brayan y lo tiró al suelo», afirmó en una declaración muy difusa y repleta de contradicciones surgidas a preguntas del abogado de la parte contraria, el letrado Ignacio Manso, quien no dudó a la hora de poner en cuestión las lesiones esgrimidas por la testigo.

Una cuestión en la que intentó aportar luz la médico que atendió a todos los involucrados en el caso y quien afirmó que la lesión que presentaba en la frente J. R. J., podía «perfectamente» haber sido causada por el golpe de una azada.

Tras la declaración de todas las partes, la Fiscalía mantuvo la petición de tres años para Brayan y Jesús Tuero por un delito de lesiones, y un año para J. R. J. también por lesiones. Por su parte, la defensa de Brayan y Jesús Tuero solicitó su libre absolución, al igual que la de J. R. J., quien consideró que su cliente había sido «brutalmente agredido», motivo por el que solicitó cuatro años de cárcel para ambos. El juicio quedó visto para sentencia.

Crimen hace un año

El pasado año, durante el juicio por la muerte de Adrián Gancedo, todos los testigos citados a declarar coincidieron en señalar a Brayan Tuero como el culpable de las puñaladas que terminaron con la vida del joven de 32 años, vecino de Rozaes. Las primeras personas citadas a declarar corroboraron los indicios que llevaron a detener a Tuero. Tal y como quedó posteriormente probado, Gancedo había intentado mediar en una pelea entre Tuero y su padre, tras lo que posteriormente entró en el pub El Grillu Salvaje. Debido a que tenía la entrada prohibida en el local, Brayan Tuero, de 21 años, decidió esperarlo a la puerta. A su salida, el vecino de Rozaes recibió varias puñaladas que acabaron con su vida.

«Esto es el pan nuestro de cada día, son gentuza que lleva provocando altercados muchos años, todos los conocen y mucha gente cruza de acera cuando se los encuentra», comentaban entonces los vecinos del homicida. Todos ellos coincidían en definir al fallecido «como un excelente chaval que no tenía enemigos, su único problema fue encontrarse por la noche con ellos». Recibió una cuchillada en la espalda y al menos otra en el abdomen. El joven asesinado era padre de una niña de nueve años y vivía con su abuela en Rozaes, donde trabajaba en las labores del campo.

 

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