Ofrendas para la Virgen de Lugás

Varias feligresas cargan con la imagen. / A. G.-O.
Varias feligresas cargan con la imagen. / A. G.-O.

La peregrinación al templo maliayo se mantiene viva y con cientos de asistentesEl párroco Agustín Hevia recuerda a Elvira Canellada, que guardó la imagen durante la guerra para evitar que fuera destrozada

ALICIA GARCÍA-OVIESVILLAVICIOSA.

Cada 8 de septiembre, coincidiendo con el Día de Asturias, las carreteras de Villaviciosa se llenan de romeros. La peregrinación a la iglesia de Lugás es una de las tradiciones más arraigadas en el concejo. Para los maliayos no hay distancia demasiado larga que les impida llegar a tiempo a su cita con la Santina. Desde primera hora de la mañana, decenas de vecinos se congregan en sus respectivas parroquias, desde Argüero hasta San Justo, para poner rumbo de forma conjunta hasta el templo. A ellos se unen personas llegadas de todos puntos de España e, incluso, desde Latinoámerica.

El párroco Agustín Hevia es uno de los principales fieles a esta cita. Más de 40 años lleva encargándose de la homilía y toda su vida, como recordó ayer, participando de la fiesta. «Pido a Dios que me conceda fuerza y salud para seguir compartiendo esta celebración con vosotros», afirmó. El religioso quiso recordar a Elvira Canellada, quien guardó la imagen durante la guerra para que no fuese destrozada. En aquella época el templo fue quemado y ella cargaba al campo con la estampa para impedir que corriese el mismo camino. Fue esa devoción la que permite que a día de hoy sigan siendo centenares las personas que acudan a rendirle culto.

Libro de plegarias

Las razones para honrar a la Virgen de Lugás son muchas, por devoción, tradición o por una promesa. Hace dos años, Hevia vio a un matrimonio joven rezando a la virgen. Eran padres de un niño y dos gemelas. «Poco más tarde me enteré que ella, Patricia, tenía cáncer. Hace tres semanas que se cumplió un año de su fallecimiento», lamentó.

Desde hace años las paredes del santuario se han llenado de exvotos colgados por los feligreses como agradecimiento ante una petición cumplida. «Hay dos vestidos -explicó ayer Hevia- colgados en el templo. Uno de ellos lo dejó en su día una mujer que tuvo una hija. Esa chica creció y fue madre, pero su hija se puso enferma. Finalmente mejoró y ella quiso traer otro vestido como el que había dejado su madre».

Relatos como éste llenan el libro de plegarias del templo. «Con frecuencia lo leo», afirmó el párroco, que relató cómo hace años, un grupo de alumnos del colegio La Corolla visitó la iglesia. Hevia les explicó qué eran los exvotos. Al final una niña se acercó a él y le pidió dejar un tajalápiz, «por un primo suyo que se iba a operar esa semana del corazón». Otra madre mexicana le pidió a la virgen que su hijo, que se había roto una pierna, se recuperase pronto.

Tras la homilía, los feligreses cargaron con la imagen de la virgen en la procesión al rededor del templo. A su fin, se llevó a cabo la tradicional puja del ramo.