Así era la vestimenta tradicional de Cabranes

Cuatro vecinas de Cabranes, vestidas con el traje tradicional del concejo, en 1932./
Cuatro vecinas de Cabranes, vestidas con el traje tradicional del concejo, en 1932.

La investigadora María José Hevia recupera la vestimenta tradicional de Cabranes, a la que Torazo dedica una completa exposición

ALICIA GARCÍA-OVIESSANTOLAYA.

La historia del traje tradicional de Cabranes se escribe en blanco y negro, al igual que las únicas fotografías que se conservan de aquella época en la que las vecinas del concejo lucían orgullosas esta vestimenta durante las fiestas del Carmen de Torazo. Atrás quedaron las procesiones de ramos donde ellas, con su saya y su dengue cargaban con los diferentes pasos. Los años fueron pasando y con ellos se fue perdiendo también una tradición que el actual equipo de gobierno se ha propuesto ahora recuperar.

Con motivo de la cercana celebración de la festividad de Nuestra Señora del Carmen, que se desarrollará entre el 22 y el 27 de agosto, el Ayuntamiento ha organizado la exposición 'Cómo vestimos en Torazu de 1900 hasta 1990', que podrá visitarse desde hoy en las antiguas escuelas de Torazo. Se trata de un repaso a través de más de una decena de fotografías en las que vecinos y turistas podrán ver la importancia que el traje del concejo tuvo, no solo en la celebración, sino en la cultura de municipios cercanos. Hoy, además, a las 20 horas, habrá una conferencia a cargo de la antropóloga Fe Santoveña.

Fue la estudiosa María José Hevia quien apostó por recuperar una pieza que formó parte de la historia de Cabranes durante casi un siglo. «En 1996 comenzamos a interesarnos por el traje, pero no fue hasta hace un par de años, con la ayuda de Loli Fabián, responsables de la biblioteca María Josefa Canellada, cuando empezamos a trabajar más a fondo», explica.

La principal característica del traje cabranés era su color negro, solo roto por el pañuelo de seda, que solía ser amarillo o encarnado. Su dengue también era único en el Principado, al tener una forma de pico que realzaba la figura. Se colocaba bajo un jubón que servía como base. Esta pieza hacía las veces de un corsé con mangas. «Estaba muy influenciado por la moda de la época de finales del siglo XIX», apunta Hevia.

Con el paso de los años, la falda comenzó a acortarse, siendo lo primero en perderse. Pronto le siguió el jubón, al que se le quitaron las mangas, y el dengue. «Cuando íbamos a las procesiones mi madre siempre me decía que me fijase en los dengues de las mujeres que salían con los ramos. Solían estar muy viejos porque fueron piezas que pasaron de generación en generación hasta que acabaron por desaparecer», afirma. Ahora, gracias a su labor de investigación, los vecinos podrán volver a recuperar un traje «favorecedor y elegante».

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