«Melendi es un vecino más del pueblo»

Un grupo de amigos de Areñes, con el artista durante el pasado mes de agosto. / E. C.
Un grupo de amigos de Areñes, con el artista durante el pasado mes de agosto. / E. C.

El famoso artista vuelve cada verano a la localidad piloñesa de Areñes, donde pasó su infancia

ALBERTO ARCE

Hace dieciséis años -y escasos días-, el apellido Melendi comenzó a resonar con fuerza en todo el panorama nacional. Era un 11 de febrero de 2003 y 'Sin noticias de Holanda' salía al mercado producido por Kike Eizaguirre y grabado en los estudios Oasis de Madrid. El primer paso de una de las carreras musicales con sello asturiano más relevantes de los últimos años. Ahora, siete álbumes más adelante, quince discos de platino y algún que otro millón de de piezas físicas vendidas y su papel como 'coach' en 'La Voz', el ovetense, ya con cuarenta años, sigue teniendo a su tierra presente. La gente en la capital del Principado quizás no lo sepa, pero Ramón Melendi visita la región con toda la frecuencia que su ajetreada agenda musical le permite. Al menos, varias semanas en agosto. El lugar elegido, la localidad piloñesa de Areñes, casi siempre, cerca de su familia materna. Allí es donde cuelga el hábito y, a parte de una celebridad de primer nivel, es «un vecino más del pueblo».

Así lo corroboraron algunos de sus vecinos, que atesoran de forma cariñosa numerosas anécdotas con el reputado cantante. Entre ellos, la joven Cristina González, que cuenta cómo «cada verano» la presencia del ídolo en Areñes es algo «cotidiano». Y es que para huir del foco mediático, nada mejor que el anonimato que proporciona ser conocido por los vecinos que lo han visto crecer tanto en cuanto a lo físico como a lo artístico.

«Todos los años viene unos cuantos días durante el mes de agosto con sus hijos y su perro ('Messi')», afirmó González, la piloñesa de 19 años. «Lo más normal es encontrárselo por la calle jugando con los niños, tomándose algo en en el bar de Irene, pasándoselo bien en las fiestas o dando un paseo. Aquí todos lo queremos mucho», admitió. Y parece mutuo, pues la misma Cristina, y su hermana, Cecilia, «nunca» olvidarán una tarde hace varios años en la que Melendi las invitó junto a todos sus amigos, a darse un baño en la piscina de su casa.

«Nosotros estábamos por la calle jugando con su hija mayor (Carlota), pero ella quería ir a darse un baño», relató. «Después, Melendi vino a por nosotros y nos dijo que pasásemos la tarde con ellos», continuó. «Al principio nos daba un poco de vergüenza, pero dijimos que sí sin pensar», concluyó. «Es en esos momentos en los que te das cuenta de que cuando viene a su pueblo (su familia materna es natural de Piloña) se le ve como es: familiar y agradable».

El chapuzón de 'Messi'

Aquella tarde en la piscina del chalé de Melendi, los niños de Areñes no fueron los únicos que se lo pasaron en grande. Eran las cuatro de la tarde y el perro, 'Messi', no quiso ser menos. «Mientras nadábamos en la piscina, 'Messí' dio un salto y se metió allí con nosotros», explicó González. Un buen chapuzón. «Acabó empapado, no fue una buena idea», broméo. «Pero fue genial», pues, como argumentó la joven, después, «entre todos los chavales que estábamos allí, ayudamos a Melendi a bañarlo en el jacuzzi».

El cariño que siente hacia su tierra es palpable, pero es un amor mutuo. El pasado mes de agosto, sin ir más lejos, durante las festividades de San Roque, y coincidienco con sus vacaciones veraniegas, sorprendió a los vecinos de Areñes cocinando un cachopo a pie de calle. Un amor, en definitiva, que ha trascendido las barreras de la región.

Mientras tanto, en la ciudad de Oviedo, los que vieron crecer al artista, lo recuerdan con más alegría si cabe. Es el caso de una de las familiares de su padre (Gonzalo), Carmen Melendi, que reside actualmente en la calle Pérez de la Sala, y que desveló, en declaraciones a EL COMERCIO, algunos detalles de su infancia. « Ramón es un chaval noble, muy majo, siempre lo fue, y todo el mundo lo aprecia en Oviedo», comentó. «Cuando era pequeño, pasaba todos los veranos con sus padres en el pueblo; ellos siguen yendo casi todos los fines de semana, y él siempre se acerca cuando pasa por Asturias, pero creció aquí, en la ciudad», añadió.

También se acuerda de sus primeros pasos el dueño del café Clarín, en la calle Fernando Alonso, Ángel Herrero. El lugar donde sus padres tomaban el café cuando el pequeño Ramón aún vestía mandilón en las Escuelas Blancas. El mismo sitio en el que cada domingo se daba una reunión especial. «En estas mesas se sentaban la familia de Melendi y la Fernando Alonso», sentenció el propietario. Unas reuniones entre amigos de los que aún no se sabía en aquel momento que llegarían a ser dos de los asturianos más célebres.

Los primeros conciertos

Al principio, cuando apenas corría el año 2002 y los número uno aún eran cosa de la imaginación. Ramón Melendi ya ofrecía algún que otro concierto por los bares de la ciudad. Su banda, El bosque de Sherwood pasaba, como tantas otras, desapercibida. No había muchos lugares para tocar: el Monster (ahora Sol y Sombra), La Antigua Estación (ahora La Salvaje), La Santa y La Suiza, entre otros. Así lo expresó el cantautor asturiano Pablo Moro, cuya carrera, por aquel entonces, ya había comenzado a despegar.

«Cuando Melendi empezaba con su banda, yo llevaba unos años tocando; no era muy fácil conseguir lugares en los que poder tocar en directo, y por eso dábamos conciertos a puerta cerrada muchas veces», avanzó. «Teníamos amigos comunes y una buena relación, por eso hacíamos ese tipo de cosas juntos». Pero lo verdaderamente importante ocurrió después. Moro había enviado varias de sus maquetas a una discográfica madrileña de nueva creación, Carlito Records, y obtuvo respuesta. El director del sello, Javier Valiño, se había ofrecido a concertar una audición en Oviedo con el artista, y así fue. Al recibir la noticia, el cantante avisó a su amigo, Melendi, y ambos fueron a mostrar sus canciones al que más tarde se convertiría en representante del asturiano.

«Venía un representante desde Madrid y llamamos a Ramón para que enseñase su trabajo». Tres canciones que serían la primera semilla de 'Sin noticias de Holanda'. «¿Por qué no?, todo salió bien; tanto que en aquella visita nos ficharon a los dos», incluyó. Y añadió, además: «yo grabé en casa de otro amigo las pistas de guitarra española que aparecían en esa primera maqueta».

La relación artística cristalizaría más tarde con la grabación de 'María', un tema de Pablo Moro que versionó Melendi y que interpretaron juntos en el histórico concierto de las fiestas de San Mateo en San Lázaro en el año 2005. Una velada que aún se recuerda con emoción.