El Monte de Piedad, del mazo al ratón

Integrado en Liberbank, realiza una docena de subastas al año. Y solo opera en la red | Estas instituciones con 300 años de historia vivieron un gran auge durante la crisis. Hoy su actividad, más moderada, se adapta a los tiempos

Antigua sede del Monte de Piedad en Oviedo, en la plaza Alfonso II El Casto./
Antigua sede del Monte de Piedad en Oviedo, en la plaza Alfonso II El Casto.
AIDA COLLADO GIJÓN.

Ninguna institución cumple trescientos años por casualidad. Quienes vaticinaban que los montes de piedad -el primero apareció en Madrid, en 1702, pero tienen su origen en la Italia de 1462- desaparecerían tras el auge que experimentaron durante los años más duros de la crisis se equivocaban. Con la recuperación del pulso económico han moderado su actividad, sí. Y algunos, como el de Liberbank, cuyos orígenes se remontan a 1880, han abandonado los canales tradicionales. Pero su intención es adaptarse a los nuevos tiempos y mantener un servicio que, defienden, nació «para combatir los abusos de los usureros y en defensa de las clases sociales más desfavorecidas». Para ello, han dado el salto a internet. En Oviedo, ya no hay salas llenas de postores ni mazos para escenificar la adjudicación de los lotes subastados. Las operaciones se realizan en la red.

El monte de piedad de Liberbank, con sedes en Oviedo y Santander, contaba en 2017 -los últimos datos que maneja la entidad- con 5.228 créditos en vigor. El importe medio de los mismos alcanzaba los 800 euros, el periodo de validez de la mayoría de los préstamos fue de doce meses, aunque con posibilidad de renovación, y el número de clientes ascendía a 1.900.

Durante ese ejercicio, se realizaron doce subastas, seis de ellas en Asturias, con un promedio de cincuenta lotes en cada una de ellas. Se sumaron 196.375 euros de diferencia entre lo obtenido y lo prestado. Y hubo un 30% de sobrantes a favor del cliente. Porque cuando alguien empeña una joya para obtener un préstamo y esta se subasta por un valor superior a la deuda se le devuelve la diferencia.

Desde Liberbank defienden que su servicio «no se limita a los periodos de crisis económicas, sino que es una alternativa de financiación a la tradicional bancaria, a la que recurren clientes de un perfil heterogéneo, tanto por edad como por condición socioeconómica».

Así que las imágenes del noble venido a menos subastando los restos supervivientes a años de decadencia o la ama de casa apurada que empeña la joya heredada de su madre son, principalmente, clichés. Existen auténticos entendidos en el uso de los montes de piedad como herramienta para obtener liquidez. Durante los últimos años ha incrementado el número de autónomos y pequeños empresarios o emprendedores con patrimonio, que en determinado momento necesitan dinero contante y sonante para hacer frente a imprevistos financieros, apostar por el crecimiento de su negocio o, incluso, para realizar inversiones. «Cada día es más habitual que personas con cierto nivel económico recurran al empeño», defienden, como procedimiento para obtener créditos rápidos.

En este sentido, cabe recordar que el 94% de los empeños del Monte de Piedad de Liberbank, que desde hace tiempo solo acepta joyas -hasta los setenta también aceptaba electrodomésticos, libros y ropa, entre otros enseres-, se recuperan. En muchos casos, el préstamo se renueva. Así que el porcentaje que finalmente llega a subasta es muy bajo.

En Asturias, donde el Monte de Piedad suma casi 140 años de actividad, parece haberse dado con éxito el salto a la red. Esta no ha sido la única transformación de la historia de la institución. En junio de 1946, con la fusión del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Oviedo y la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Gijón nacía la Caja de Ahorros de Asturias, origen del hoy banco Liberbank, creado tras integrar en 2011 a Caja de Extremadura, Caja Castilla-La Mancha y Caja Cantabria.