Belmonte descubre sus antepasados

Margarita Fernández Mier explica los hallazgos a los primeros visitantes del yacimiento. / B. G. H.
Margarita Fernández Mier explica los hallazgos a los primeros visitantes del yacimiento. / B. G. H.

El hallazgo de un horno permite creer que fue ocupado 2.500 años antes de Cristo | Los arqueólogos tratan de recomponer cómo fue la vida en este poblado, que según sus hipótesis, fue habitado durante más de un milenio

BELÉN G. HIDALGO BELMONTE DE MIRANDA.

Junto a la capilla de Nuestra Señora de Linares, en Castañera, se encuentra enterrado el pasado de los primeros habitantes de Belmonte de Miranda. «Los vecinos cuentan que cuando se hizo la carretera aparecieron construcciones circulares. La mayoría de los pueblos del valle aparecen en la documentación del Monasterio de Belmonte a partir del siglo XI. Nuestro objetivo es saber el origen de estos núcleos y si tiene un origen anterior a éste», aclaró Margarita Fernández Mier, profesora titular de la Universidad de Oviedo y que dirige las labores arqueológicas, a los primeros visitantes que se acercaron al lugar en el inicio de las jornadas de puertas abiertas.

Así, el hallazgo de un gran horno sacó a la luz que bajo la necrópolis del siglo X se ocultaban los restos de un poblado que las dataciones de carbono situaron en la Edad de Bronce, en el segundo milenio antes de Cristo. «Son construcciones muy difíciles de ver, pues serían de madera. Intuimos el poblado. Nos ayuda el horno: se ve la boca, la forma interior donde apareció un nivel muy potente de ceniza», apuntó Fernández Mier. Según la hipótesis de los arqueólogos, se trata de un horno doméstico que podría ser de uso comunal. Además, están hallando restos de ocupación que pudiesen ser cabañas que formaron el poblado, siendo el horno posterior, de la última época de Bronce. «Las dataciones hacen intuir que el poblado fue aumentando. Las dataciones van desde el año 2.500 a. C. hasta el 1.000 a. C. Eso nos hace pensar que estamos ante un poblado de 1.500 años de ocupación que fue usándose y reusándose continuamente», concluyó la arqueóloga.

«Soy de Belmonte, pero no sabía que había aquí este yacimiento hasta que comenzaron las excavaciones», reconoció Aurelio García. Quien si conocía estas investigaciones era María Dolores Álvarez que destacó que la excavación se haga «en un lugar muy desconocido, pero con resultados científicos tan importantes. Es un lujo. Nos permite conocer nuestros orígenes rurales», concluyó.

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