Black Dragon propone una explotación subterránea del oro de Salave

Unas prospecciones previas en la zona de Salave, en Tapia de Casariego. / E. C.
Unas prospecciones previas en la zona de Salave, en Tapia de Casariego. / E. C.

El proyecto, presentado por su filial Exploraciones Mineras del Cantábrico, se desarrollaría durante catorce años

BELÉN G. HIDALGOTAPIA DE CASARIEGO.

La minera Back Dragon, a través de la filial Exploraciones Mineras del Cantábrico (EMC), presentó un proyecto para la explotación subterránea de los recursos auríferos de Salave, en Tapia de Casariego. Su intención, según obra en el documento inicial sometido a Evaluación de Impacto Ambiental, pasa por acceder al oro contenido en los sulfuros, constituyentes fundamentales de la mineralización. «El proceso planteado en este proyecto pretende de manera exclusiva la producción de un concentrado de sulfuros, que serán objeto de tratamiento ulterior por especialistas externos a la zona de actuación», matiza la promotora. La explotación se ubicaría entre las localidades de Salave y Mántaras.

La promotora explica en el documento que «se está considerando y analizando una extracción mediante el método de cámaras por subniveles y excavación en retirada con unidades de tamaño medio, para una extracción estimada de 700 kilotoneladas al año, durante un período de explotación de 14 años y un período de puesta en funcionamiento de aproximadamente año y medio».

Según el documento inicial, el proyecto de Salave «reúne todas las características para ser un proyecto viable desde el punto de vista técnico, ambiental, económico y urbanístico». La firma sostiene que las instalaciones estarán «prácticamente ocultas y aisladas del entorno» y destaca el carácter temporal de todas ellas. Se ubicarían al este de la carretera AS-23 y al sur del polígono industrial El Cortaficio, en un espacio de 12 hectáreas. «La única permanente será el depósito de estériles de flotación», de una superficie mínima de 25 hectáreas, si se decide apostar por esta opción, que contemplaría un emisario desde la zona de instalaciones hacia el mar que transportaría el agua proveniente del desagüe de mina o de escorrentías, previamente sometidas al tratamiento adecuado.

La alternativa a esta instalación permanente pasaría por la posible deposición de estos estériles en el mar a través del emisario marino, que transportará una mezcla de agua y lodos, procedentes del tratamiento del mineral en planta. En este caso sería suficiente contar con dos depósitos temporales, que desaparecerían al finalizar las labores extractivas que se plantean en el proyecto.

En el documento se recuerda que la opción de un emisario no es única de la industria minera y señala como ejemplos los que operan en la papelera de Ence en Navia o el de Industrias Lácteas Asturianas.