Boal revive su pasado indiano

A mediodía, los sones cubanos animaron las calles y muchos se decidieron a bailar luciendo sus mejores galas. / FOTOS: B. G. H.
A mediodía, los sones cubanos animaron las calles y muchos se decidieron a bailar luciendo sus mejores galas. / FOTOS: B. G. H.

La fiesta 'Volven os americanos' logra en su cuarta edición «mucho más ambiente» | Se conmemoraron los cien años desde la publicación del primer número de la revista 'El progreso de Asturias', que fundó Celestino Álvarez

BELÉN G. HIDALGOBOAL.

Todos de un blanco impoluto. Ellas, con pamelas o abanicos y refinados vestidos adornados con puntillas. Ellos, habano en mano, con sombrero y traje de lino. Así, como si de un paseo en el tiempo se tratase, regresaron a las calles boalesas los indianos. Lo hicieron para la cuarta edición de la fiesta 'Volven os americanos', con la que el concejo rinde tributo a «quienes se tuvieron que ir de esta tierra a buscar mejor vida y nuevas posibilidades. Les debemos mucho. Su generosidad nos hizo prosperar», apuntó Pilar González, al frente de la organización de la cita.

Este año, además de lo festivo, se conmemoró el centenario del primer ejemplar de la revista 'El progreso de Asturias', que fundó y dirigió el boalés Celestino Álvarez, para poner en contacto a la colonia española en Cuba con Asturias y, sobre todo, con Boal. «Fue una de las publicaciones más importantes de toda la emigración española. Una prueba más de que nuestra tenacidad y capacidad de trabajo nos tiene que ayudar en la consecución de nuestros objetivos. Entonces y ahora», afirmó el regidor, José Antonio Barrientos.

Tras el desfile de los glamurosos haigas, símbolo de poderío de quienes hicieron las Américas, se vieron lágrimas de emoción y, sobre todo, gratitud. «Hicieron mucho para que la gente no pasase las necesidades que ellos pasaron. Les debemos mucho», confesó María Jesús González.

Entre el público había boaleses descendientes de emigrantes. Como Conchi Rubio Sanzo. «Esta fiesta significa mucho. Mi padre y mi abuelo emigraron a Cuba. Mi padre tenía una ferretería en La Habana», recordó esta boalesa, con innegables raíces indianas. No en vano la primera planta de Casa Sanzo fue el casino boalés, creado por ellos para disfrutar de la vida social durante sus estancias en Boal.

«Es una fiesta muy familiar. Está todo muy bien conservado y te sientes como en casa. Aquí la gente lo vive porque en la casa que no hubo un emigrante, hubo cinco», afirmó la naviega Tarsila Fernández, mientras recorría el callejero boalés siguiendo el rastro del legado arquitectónico de los indianos.

A las casas se suman las escuelas graduadas, los lavaderos, los comercios... que ayer se recorrieron en visitas guiadas al mismo tiempo que los sones cubanos inundaban las calles de ambiente festivo. Y añejo.