Cerredo no ve futuro sin el carbón

Una pareja pasea a su hijo por la calle de Cerredo. /  B. G. H.
Una pareja pasea a su hijo por la calle de Cerredo. / B. G. H.

Los mineros no cobran sus nóminas desde hace ocho meses y la comarca se resiente. Afirman que de seguir así, «iremos a pique» La fase de liquidación de Astur Leonesa sume al pueblo en la incertidumbre

BELÉN G. HIDALGO CERREDO (DEGAÑA).

La localidad de Cerredo, en Degaña, vive con incertidumbre la fase de liquidación que vive la compañía minera Astur Leonesa. En la explotación, ubicada en el pueblo, trabajan 170 personas que acumulan ocho nóminas sin cobrar. «Seguimos sin ningún tipo de solución», lamentó José Luis Fernández, el presidente de la parroquia rural de Cerredo, que no duda de las oportunidades del yacimiento. «Hace falta una empresa que apueste por seguir explotando el carbón. La mina está ahí», señaló Fernández.

Como él, los vecinos están convencidos de que la mina es rentable y que, sin ella, el futuro del concejo será más negro que el propio carbón. «Los negocios se han resentido y hay bares y restaurantes que piensan incluso en cerrar. Las perspectivas no son buenas», indicó.

Resulta complicado caminar por Cerredo y tropezarse con algún vecino que muestre cierto optimismo. Con dos hijos de 4 y 15 años, Luis Manuel Fernández, es uno de los mineros que lleva ocho meses sin cobrar. «Llevo veinte años trabajando en la mina. No sé hacer otra cosa», confesó. «No veo futuro para ellos aquí. Solo van a quedar los osos. Nadie mira por nosotros», criticó Fernández, ante la falta de respuestas. Pero no es el único caso. Como él, Manuel Vega, que acaba de ser padre, sobrevive gracias a la ayuda de sus familiares. «La gente está con nosotros. Han iniciado una recogida de alimentos», dijo, agradecido con la solidaridad de quienes han puesto en marcha la campaña.

«Si esto cierra, no veo mucho futuro. Si no cobras, no tienes ánimo ni dinero para salir», lamentó Vega.

La falta de ingresos en los hogares mineros influye en las ventas de los establecimientos que ya lo notan en sus cajas. José Manuel Mesa cuenta que de 22 bares que hubo en la época de bonanza, hoy quedan siete y la misma suerte corrieron las tiendas, que antaño eran siete las que permanecían abiertas y en la actualidad solo sobreviven dos. «Es una cadena. Esto no solo perjudica a la minería. Si bajan las ventas y no puedes hacer frente a los gastos, te ves obligado a cerrar», argumenta este empresario que heredó el negocio familiar hace 15 años y dice que ahora no pasa por su mejor momento. Una realidad que constató Julián Vega, comerciante, que estimó que las ventas bajaron un 60% desde que cesó la actividad minera. «Sin industria no hay alternativa», defendió.

Es precisamente esa falta de alternativas la principal crítica de los vecinos a las administraciones. Y es que recelan de la viabilidad de otras opciones, como el turismo. «Es un poco tarde para implantarlo. No tenemos infraestructuras: ni hoteles, ni albergues...», señaló Aurora Pazos, al frente de un restaurante que pasó de ver lleno el comedor a resistir con las ventas del bar. «Solo nos queda explotar el turismo osero», indicó.

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