Un estudio concluye que no hay peligro de estabilidad en el campo de La Regalina

El campo de La Garita, lleno de público y grupos de baile, en la fiesta de La Regalina./
El campo de La Garita, lleno de público y grupos de baile, en la fiesta de La Regalina.

El geólogo Carlos López propone construir una zanja para drenar el agua ante los desprendimientos visibles desde la playa

BELÉN G. HIDALGO CADAVEDO (VALDÉS).

«Vou pedi a lus que mandan/que nus echen una manu/pa salvar esta l.lanada. Cumu'l mare ya tan brava/ya pena poucu firme/xunta'l tablau de lus beil.les/baxou una bona fana/que cun outru iviernu asina/ vei l.legar hasta la playa». Con esta estrofa, José Manuel Fernández, pregonero de La Regalina, solicitaba a la administración competente ayuda para calmar las voces de quienes temían que el campu de La Garita, donde se celebra la popular romería de La Regalina, se viniese abajo por la inestabilidad del acantilado tras unos desprendimientos que, desde la playa «impresionan». «Hubo gente que no quiso que los niños bailasen en el tablado por si caía», recordó.

Aquella llamada no cayó en el vacío. Entre el público se encontraba el geólogo Carlos López, que tomó nota y contactó con la organización para estudiar el caso. El estudio determina que «no se observa ningún fenómeno de inestabilidad general ni con la suficiente entidad como para comprometer la estabilidad de la actual plataforma de baile a muy corto plazo». No obstante, para aportar una mayor estabilidad, el informe propone la construcción de una zanja de drenaje que intercepte y desvíe hacia otra zona las aguas que circulen tanto en superficie como en la parte más superficial del terreno. Además, debido a la erosión del mar, se aconseja que las vallas del perímetro del campo se metan hacia dentro. «Pasa en todos los acantilados, que evolucionan y el mar se los va comiendo», tranquilizó el geólogo.

«No existe ningún problema. Hay que tener en cuenta unas mínimas cuestiones, que son muy sencillas. Se trata de que la gente entienda que no hay peligro, salvo el normal de un acantilado», apuntó el pregonero, transmitiendo tranquilidad a los vecinos de Cadavedo.