«Nos inculcaron que prosperar era irse»

Víctor García reivindica el valor de lo rural. / QUEI VITORINO
Víctor García reivindica el valor de lo rural. / QUEI VITORINO

Cunqueiro en Degaña, reclama «gente joven» para el mundo rural «que quiera su territorio»

PABLO A. MARÍN ESTRADA

Para mí la felicidad no es el éxito sino un camino en el cual mientras realizas aquello que te gusta vas siendo feliz». Así opina Víctor García (Trabáu, Degaña, 1993), guía de experiencias ecoturísticas y 'tixileiru', el oficio de tornear vajillas de madera (tixelas) que practicaron generaciones de vecinos de su pueblo natal. Junto al hoy deshabitado El Curralín y, ya en Ibias, El Bau y Astierna, son los cuatro lugares de la tierra cunqueira, el otro nombre de esta artesanía extinguida a mediados de los años ochenta y que su tío Victorino recuperó, tras dejar la mina. «Aprendí el oficio con él a los 11 años. Desde pequeño tuve claro que quería quedarme o buscar un modo de vida en un sitio similar. Era lo que me llamaba y a ello enfoqué mis estudios», explica este degañés, para quien tener los pies en la tierra significa, en su caso, exactamente eso: quedarse en ella.

Formado en Grado Superior de Gestión de Recursos Naturales y Turísticos, viajó a Escocia y a Irlanda para perfeccionar su inglés. Hoy aplica esos conocimientos en el negocio familiar de Trabáu, 'Quei Vitorino', un núcleo de turismo rural que ofrece a sus clientes alojamiento con experiencias medioambientales y etnográficas. Víctor cree en la formación como «una herramienta que tenemos los jóvenes para saber utilizar los recursos de nuestra tierra y sacarla adelante». Cree también en el progreso de los castaños centenarios. «Se les pueden romper las ramas o crecer torcidos, pero con una buena raíz siempre van a prosperar». Él lo aplica a su concepto de desarrollo rural.

«Volver a los orígenes no es volver atrás, es mirar al pasado para afrontar mejor el futuro. Eso no quiere decir que tengamos que vivir como nuestros abuelos. Debemos adaptarnos. Todas las especies lo hacen y la gente de los pueblos somos una especie en extinción», afirma. Su receta para evitarla es igual de rotunda. «En el mundo rural hace falta gente joven, con ideas, que quiera a su territorio y esté dispuesta a pelear y a colaborar». Víctor apunta otras claves: la sostenibilidad y la diversificación de recursos. «Algo que siempre se hizo, no se vivía de una cosa sola», recuerda con el ejemplo de sus mayores cunqueiros. Sonríe cuando se le pregunta si percibe que otros jóvenes del entorno comparten sus ideas. «Más bien soy el loco de la colina, esi de Trabáu (Risas). Y lo entiendo. Conozco gente con capacidad y cariño por lo suyo que van a una ventanilla y les venden modelos a gran escala que aquí no son posibles. Dicen: '¡Y de dónde saco yo el dinero!' Es así».

Dice Víctor que a su generación le inculcaron «que había que formarse para marchar, prosperar era irse». Él reivindica el derecho a quedarse. «A veces oigo a los amigos: '¡Coño, esto ta muy lejos!' y yo digo: 'Ta onde tien que tar. Los piratas enterraban el botín en sitios apartaos. Nosotros también tenemos un tesoro y hay que saber aprovecharlo. ¿Qué quieres ir al cine a Oviedo? Está a hora y media. Lo que tardan en Madrid muchos para ir a trabajar'. Un mal menor. El mal mayor es la despoblación y cómo se puede paliar».

Temas

Degaña