Paredes se zambulle para cuidar el río

Flotadores y canoas bajaron el río Esva para limpiar su cauce en una jornada festiva. / B. G. H.
Flotadores y canoas bajaron el río Esva para limpiar su cauce en una jornada festiva. / B. G. H.

300 personas participan en el Descenso Ecológico del Esva en el valle de Paredes | Recogieron entre 500 y 600 kilos de basura en una cita a la que regresó 'El Bribón' tras siete años de ausencia y en recuerdo al fallecido Julio Menéndez

BELÉN G. HIDALGO PAREDES (VALDÉS).

Cinco kilómetros del río Esva fueron escenario ayer de una jornada que supo conjugar el ambiente festivo con la concienciación medioambiental. Se celebró, tras un año de parón, la vigésimo tercera edición del Descenso Ecológico del Esva en el valle de Paredes. Alrededor de 300 personas se sumaron a la iniciativa y, armadas con canoas, flotadores y artilugios hinchables se lanzaron al caudal, bolsa en mano, para limpiar su cauce. Así, a partir de las 12.30 horas, en las inmediaciones del centro de interpretación Hoces del Esva, los participantes revisaban tener todo listo antes de surcar el río: protector solar, palas, manguitos... «Cada año hay menos basura. La gente se va concienciando», explicó la presidenta de la asociación vecinal Valle de Paredes, María Luisa García. Sacaron entre 500 y 600 kilos de basura.

En la orilla esperaba 'El Bribón', un genuino carro del país con una bandera de Asturias ondeando y tres tripulantes con boina dispuestos a darlo todo. Regresó 'El Bribón' tras siete años sin participar y lo hizo para rendirle un homenaje a Julio Menéndez, que capitaneó durante más de diez años la embarcación y falleció hace tres años. «Sin él, no será lo mismo. Era el alma del grupo, la alegría del descenso. Era único», acertaron a decir sus compañeros 'El Rubio', Lalo y Pepe. Lo que no ha cambiado ha sido 'El Bribón'. «El carro es el mismo de siempre. Si el Rey lo tiene, nosotros también», dijo uno de los tripulantes, que recordó que bajar el río también fue una reclamación. «Surgió para reivindicar el río ante la intención de abrir una mina de feldespato. Aquí podemos con todo, hasta con la Preysler», apuntaron con cierta ironía en referencia a aquella iniciativa empresarial de Porcelanosa. Su figura también la recordó el pregonero, Alejandro Fernández Suárez, secretario de la cofradía del Oricio, que destacó los valores de los pueblos, «donde nunca se pasa hambre y la gente es noble».

El descenso sedujo a los turistas. Algunos animando desde peñas y puentes, otros en el agua. Entre ellos, el joven madrileño Antonio Carreño, que se enfrentó a su primer descenso ecológico. «No lo conocíamos, pero nos pareció una idea estupenda y nos decidimos a colaborar», dijo. Por su parte, Javier Rodríguez acudía con un grupo de amigos y una joven tripulación familiar. «Conocimos la iniciativa el año pasado y nos encantó», apuntó Javier Castro, poco antes de salir en canoa. Con él, Lucía, Celia, Marina, Inés y Adriana, que aseguraron que «el año pasado nos fue muy bien. Recogemos todo lo que podemos y nos divertimos».

También en familia lo vivieron Susana García y Goyo Sualdea. «Nos juntamos todos. Algunos bajan en canoa y luego nos vemos en San Pedro de Paredes para la merienda. Es una forma de implicar a la gente joven con el respeto a la naturaleza», apuntó Sualdea. Su familia es fiel a la cita y el año pasado la echaron de menos. «Es una valle privilegiado y el pueblo se vuelca con ello».

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