Savia nueva para Os Reises de Tormaleo

Los músicos acompañaron a los personajes de la mascarada ibiense en el recorrido por los pueblos de la parroquia de Tormaleo. / FOTOS: B. G. H.
Los músicos acompañaron a los personajes de la mascarada ibiense en el recorrido por los pueblos de la parroquia de Tormaleo. / FOTOS: B. G. H.

Los jóvenes de la parroquia ibiense se unen a la comitiva para mantener la tradición | La mascarada de invierno fue recuperada en 2007 por la asociación cultural Tío Vitán, que devolvió a las calles las travesuras de 'guapos' y 'feos'

BELÉN G. HIDALGO TORMALEO.

Poco importó que el termómetro marcase tres grados bajo cero. Os Reises de Tormaleo madrugaron para acicalarse y poner rumbo a los diferentes pueblos de esta parroquia de Ibias. 'Guapos' y 'feos' salieron a pedir el aguinaldo puerta a puerta, como antaño. Fue la asociación cultural Tío Vitán la encargada de retomar la tradicional mascarada de invierno en 2007. «Hartos de ver cómo las tradiciones se perdían, los más jóvenes decidimos investigar qué se hacía en el pueblo y recuperamos la tradición. Preguntamos a la gente mayor y recuperamos personajes y el cantar», recordó Noelia Queipo, poco antes de convertirse en la Gocha, el único personaje a cara descubierta encargado de recaudar el botín. Ayudados por aquellos que colgaron los trastos en 1982 y del estudioso Xosé Ambás, lo lograron.

Consiguieron que los vecinos de La Lamela, Luiña, El Poblao, Villares de Abajo, Villares de Arriba, Buso, Tormaleo y Fondodevilla esperen su llegada cada enero. «Da gusto verlos. Están más que aprobados», afirmó Mercedes Pérez, reprobando a su hija, Ana, por reprender las travesuras de Os Reises. «¡Nos desguazan la casa!».

Con mucha emoción los más jóvenes se van sumando a la comitiva para mantener la tradición. Fue el caso de Álvaro Pérez, que ayer se metió en la piel del cura. «La gente disfruta y te presta», confesó, recordando cómo era la espera de aquel niño de ocho años en Fondodevilla. «Era el último pueblo al que llegaban. Había mucha más gente. Ahora está todo despoblado. Pero si aquello prestaba, esto presta mucho más».

Quienes debutaron ayer fueron las hermanas Carla y Marta Pérez. La primera dio vida a la Guardia Civil poniendo orden en el consabido alboroto. La segunda hizo de cardadora. «Vivimos aquí y te hace ilusión ayudar a que siga la tradición», aseguró Carla. La cardadora, con los útiles en una cesta, se marcó como reto «disfrutar y asustar a la gente».

Junto a ellos, otros más veteranos como las madamas, que cantaban puerta a puerta pidiendo el aguinaldo. Precediendo la comitiva, el Basoiro (que mete en casa todos los desperdicios), el Rodalo (ataviado con el útil de limpiar el horno) y el Folecón (manchando a la gente con ceniza), no dejaron de hacer sonar las chuecas y los cencerros. El Romano controlaba el peso de lo incautado. Mientras, el Médico permanecía alerta de la parturienta, A del neno pequeno, capaz de alumbrar en cualquier rincón y tantas veces como puertas se abrían. Les acompañaron seguidores de estas mascaradas, que destacaron su autenticidad. «Son primitivos», dijo Aida Heras. Para la gallega Rocío Álvarez, lo más reseñable «es cómo se relacionan con la gente del pueblo. No es nada artificial», confesó.

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