Sidra y folixa a la orilla del mar

Una vista general de la Jira de Navia, a la que la lluvia restó algo de afluencia en comparación con años anteriores. /CAROLINA SANTOS
Una vista general de la Jira de Navia, a la que la lluvia restó algo de afluencia en comparación con años anteriores. / CAROLINA SANTOS

La veterana jira de Navia en Veiga de Arenas reúne a cientos de romeros para despedir las fiestas de la Barca y San Roque

PABLO A. MARÍN ESTRADA

La tradicional y centenaria jira de Navia en Veiga de Arenas volvió ayer a reunir a cientos de naviegos y folixeros llegados desde toda Asturias en la que es una de las romerías más populares del verano en el Occidente. Ni las nubes ni el orbayu que amenazaron durante la jornada desalentaron a los animosos devotos de esta cita con la que se pone broche a las fiestas de Nuestra Señora de la Barca y San Roque en la villa de don Ramón de Campoamor. Empanadas, tortillas, lacón y litros de sidra transportados a la playa en los más diversos medios de locomoción alimentaron las energías de los asistentes para prolongar la celebración hasta las últimas horas del día. La música en vivo de charangas o enlatada en auténticas discotecas rodantes puso la banda sonora a una fiesta que aún continuaría en la dársena del puerto con la verbena de despedida.

Sin duda uno de los comentarios que más corrieron de boca en boca en la jira fue el de la tala de pinos llevada a cabo el pasado mayo en una de las zonas que habitualmente ocupan los romeros más jóvenes, y también algunos veteranos. Se temía que la ausencia de arbolado restase sombra a las parcelas destinadas a las comidas familiares, pero ayer no fue precisamente un día propicio a las insolaciones y el único trastorno que produjo fue el desplazamiento de algunos grupos hacia el cercano bosque de eucaliptos. Era el caso de Nieves, Paco, Gonzalo y sus familiares que desplegaban en su nueva ubicación una larga mesa con sus viandas «encantados, porque aquí se está más tranquilos y los chavales si quieren 'xareo' que se vayan luego al pinar», afirmaban, ante el asentimiento cómplice de los aludidos.

Otros grupos, como la peña 17 del 8, se mostraban igual de satisfechos por continuar fieles a su territorio usual desde hace más de quince años en la zona talada: «A nosotros que haya pinos o no los haya no nos afecta lo más mínimo, venimos aquí a divertirnos», declaraba Nacho, uno de los miembros más activos de este grupo de amigos naviegos al que se unen cómplices venidos de Barcelona, Logroño, Málaga o Mississippi, como Liah, ya en su tercera jira de la mano de su novio, Rubén. En su pertrecho de provisiones para la fiesta abundaba más el elemento líquido que el sólido ya que «solemos venir bien desayunados», explicaba Pedro, al filo del mediodía.

Cerca de ellos, Iván, María, Jesús y una docena más de romeros, también vecinos de la villa, celebraban la folixa vistiendo camisetas solidarias con las mujeres afectadas por el cáncer de mama y en apoyo a una de las integrantes de la pandilla. Un recuerdo para quienes afrontan problemas tan graves en un día en el que «lo que toca es pasárselo genial», como expresaba la propia protagonista del gesto, la más animada del grupo. Muy próximos y también en la zona del pinar, Enrique, Anastasia, David, Bea y otros gijoneses que sumaban una peña de treinta componentes, comenzaban a dar cuenta de las tortillas caseras con las que venían por segundo año consecutivo a la Veiga a «entretener las tripas» -en las palabras de uno de ellos- ante el importante acopio de cajas de sidra que pensaban trasegar durante la romería.

En la zona 'tranquila' del eucaliptal familias enteras como la de Mari Luz y José Antonio extendían sobre sus mesas improvisadas refrigerios «como para una boda» -apuntaba ella- y no aguardaban a que el hambre llamase a sus estómagos para lanzarse sobre las bandejas repletas de filetes empanados, tortillas, lacón o chorizo, todo ello regado con risas y buen vino. Idéntico estado de cosas se percibía en la parcela de la familia Verdasco Gayol, presidida por la matriarca Josefa y donde no faltaba un buen bocado de nada y para engrasarlo sus buenas provisiones de sidra casera.

La jira de la Veiga de Arenas cumplía un año más su encuentro con los naviegos y aún le quedaba mucha cuerda que soltar hasta el regreso a la villa para la última verbena. La fiesta aún se prolongó hasta la madrugada.

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