La Vendimia conquista Cangas

Antonio Álvarez 'Chicote' y Manuel Álvarez, tras recibir las distinciones en la inauguración. /  B. G. H.
Antonio Álvarez 'Chicote' y Manuel Álvarez, tras recibir las distinciones en la inauguración. / B. G. H.

La entrega de la 'Cepa de Oro' a Antonio Álvarez 'Chicote' dio el pistoletazo de salida a una fiesta que arrancó con catas y talleres

BELÉN G. HIDALGO CANGAS DEL NARCEA.

Las calles de la villa canguesa huelen desde la mañana de ayer a vino. La XVII Fiesta de la Vendimia, una de las citas más importantes de su calendario festivo, arrancó con talleres para niños y catas para adultos que llenaron de actividad las plazas y calles de la villa, esperando que la entrega de la 'Cepa de Oro' diese el pistoletazo de salida a los festejos.

En esta edición el galardón que entrega cada año la Junta Local de Hostelería recayó en el bodeguero, Antonio Álvarez, 'Chicote', que no dudó en hacer gala de su humor afirmando que «poco lo merezco y mucho lo agradezco». Chicote recordó que toda su vida está vinculada a la viña. «Tengo muchas cepas y de muchas clases, pero ninguna como ésta, que no necesita ni que la sulfate ni la azufre», dijo.

También se reconoció la trayectoria del viticultor Manuel Álvarez, de Casa Mateo, de Castro de Limés, que aún mantiene cinco viñedos. «La vendimia siempre es un acontecimiento importante, pero este año aún es más», confesó después de que el presidente de la Junta Local de Hostelería canguesa, José Manuel García, apuntase que «cada copa servida lleva parte de la historia de nuestros homenajeados», dijo.

La entrega de las distinciones inauguró de forma oficial unos festejos que abrieron los más pequeños en las viñas durante la mañana. Una veintena de niños, de entre cuatro y catorce años, equipados con tijeras y maniegas, se iniciaron en la vendimia en el Museo del Vino. Recogieron las uvas de las cepas situadas junto a la capilla de Santiso.

«Es la primera vez que lo hago. Nos han dicho que hay que cortar el hilo que está atado al racimo», explicó Paloma Rodríguez. Recogida la cosecha, en las instalaciones del museo, pisaron la uva recolectada para extraer el mosto. «Está muy fresco. Hace como cosquillas», confesó Sara Fernández, que aseguró que no era la primera vez que lo hacía.

Todo parece indicar que la vendimia en Cangas del Narcea tiene asegurado el relevo generacional.

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