Hubo vida antes de los romanos en el castro Cabo Blanco

Una parte de la fortificación del poblado castreño, durante la excavación. /  E. C.
Una parte de la fortificación del poblado castreño, durante la excavación. / E. C.

Los arqueólgos afirman que fue fundado en la fase más temprana de la Edad de Hierro. «Roma es el epílogo y fue una ocupación efímera»

BELÉN G. HIDALGOEL FRANCO.

No fallaron los arqueólogos a pie de campo. Hubo vida antes de los romanos en el castro de Cabo Blanco, en la localidad franquina de Valdepares. Sus sospechas se confirmaron en el laboratorio. «El orden de los depósitos que se fueron acumulando y el estudio de todos los materiales contenidos en ellos, desde cerámica hasta semillas, son susceptibles de datación absoluta y ofrecen una fecha precisa», explicó el arqueólogo Ángel Villa que, junto a su compañero José Antonio Fanjul Mosterirín, explicaron ayer en el auditorio de As Quintas, en La Caridad, los resultados de las excavaciones llevadas a cabo en este yacimiento.

Gracias al apoyo del el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han podido constatar que la antigüedad del castro se remonta a los siglos V y VII antes de Cristo. Todo ello desmontó la hipótesis inicial de que se trataba de un asentamiento romano. Existía ya unos trescientos o cuatrocientos años antes de que Roma tomase posesión de estos territorios. «El castro Cabo Blanco forma parte el grupo de asentamientos que van a ser fundados en las fases más tempranas de la Edad de Hierro», situó el arqueólogo, citando otros ejemplos como el de Os Castros (Taramundi), El Picón (Tapia de Casariego), Chao Samartín (Grandas de Salime) o el de Pendia (Boal), que también fueron considerados romanos.

Grandes trincheras, fosos y parapetos ocultaban murallas de más de tres metros de altura y que conservan las escaleras de los puestos de guarda, que responden a una tipología característica de los castros de la Edad de Hierro en Asturias, que son las murallas de módulos. «Este fenómeno castreño tiene una implantación muy antigua», reiteró.

«El mundo romano es el epílogo, el tramo final, de ocupación de un poblado con una vida muy anterior. Era una comunidad autónoma con los recursos indispensables para su supervivencia», continuó Villa. Una realidad que cambió con la ocupación romana, que entendía las relaciones sociales, políticas... de otra forma y cuya organización tenía como fin administrar y aprovechar los recursos mineros de la zona. «Fue algo efímero, no superó un siglo».

Por el momento, estas ruinas permanecerán reservadas para la investigación y continuarán tapadas, pues queda por delante un minucioso trabajo de documentación y estudio, así como la difusión de los resultados tanto a la comunidad científica como a la sociedad. «Siguen teniendo la misma entidad y valor histórico, pero están protegidas para garantizar su conservación. Ahora debe primar la prudencia», defendió el arqueólogo, satisfecho con la predisposición del Ayuntamiento a garantizar su conservación.