Zardaín recupera una pila bautismal con más de 800 años de antigüedad

./ B. G. H.
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Los vecinos del núcleo tinetense ignoraban el valor de la pieza, que estaba fuera de la iglesia con flores en su interior y varias capas de pintura

BELÉN G. HIDALGO ZARDAÍN (TINEO).

Este domingo de Ramos fue especial en el pueblo tinetense de Zardaín. Los vecinos acudían a misa a bendecir sus ramos, pero también a conocer el resultado de la recuperación de una pila bautismal que había permanecido, al menos, tres décadas condenada al olvido. «Hace 35 años se sacó de la iglesia para la reforma y quedó ahí como macetero. Hasta ahora», reconocía Javier Menéndez, vecino de la localidad. Todo el pueblo ignoraba su valor y que la antigüedad de la pieza superaba los 800 años. «Fue Emilio Pérez, de Casa La Torre, al que siempre le gustó la historia y la arqueología, el que este verano dio una charla en Navelgas sobre la historia de Zardaín y nos dijo que teníamos una joya abandonada», recordó este vecino, admitiendo la sorpresa de aquella revelación.

En Zardaín no dudaron en ponerse manos a la obra para recuperar la pila bautismal cuyo origen, estiman, podría situarse entre los siglos XII y XIII. «Nos parecía que era una pena que estuviese desaprovechada y que, por otro lado, alguien se la pudiese llevar», apuntó Menéndez. Con los fondos propios de la iglesia y las aportaciones de los feligreses financiaron el trabajo, en el que todos aportaron su granito de arena. Tenía varias capas de pintura superpuestas y el trabajo exigía actuar con la máxima delicadeza para no dañar la pieza original. En esta labor se empleó a conciencia Tomás Menéndez. «Nos llevó unos dos meses. La pintura salía mal, no había quien la quitase. Utilizamos agua a presión y cepillos», explicó este vecino.

«Ahora, que haya niños»

Una vez recuperada, dos veteranos carpinteros del pueblo fueron los encargados de armar el conjunto que ahora luce en la entrada de la iglesia de Santa María de Zardaín. La base sobre la que descansa la pila fue donada por el vecino Samuel Rodríguez. Se trata de un robusto tronco de roble que tallaron las manos expertas de Gustavo García. Suyo también es el acabado de la tapa que lo cubre, que hizo en madera de castaño. «Ahora lo que hace falta es que haya niños para poder utilizar la pila».

No será hasta el 5 de mayo cuando se inaugure la pila bautismal, que ayer bendijo el párroco, Manuel Alejandro Fuentevilla. Será Pablo Fernández, con raíces en el pueblo, quien tenga el honor de bautizarse en esta reliquia tantos años condenada al olvido.