«Orgullosas» de su labor científica

«Orgullosas» de su labor científica

Tardón, Cámara y Alonso se suman al 'reto de los diez años' para señalar las metas alcanzadas y animar a futuras generaciones

LAURA MAYORDOMO

Hace diez años, la profesora ayudante doctor del área de Ingeniería de la Construcción Mar Alonso aún era alumna de Industriales y ni siquiera había descubierto su vocación investigadora y docente. La entonces profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública Adonina Tardón compatibilizaba docencia, investigación y difusión, las tres pasiones a las que hoy sigue dedicándose en cuerpo y alma, aunque en la actualidad como catedrática, la primera de su área en la Universidad de Oviedo. Asun Cámara, con «muchos quebraderos de cabeza menos» que ahora que es directora, ya ocupaba un cargo de gestión en la Escuela Politécnica de Mieres. Era subdirectora, pero el cargo aún le permitía repartir su tiempo entre el despacho, las aulas y el laboratorio.

Emulando el 'reto de los diez años' que desde hace semanas anima a subir a las redes sociales dos fotografías tomadas con una década de diferencia, Alonso, Tardón y Cámara se suman a la iniciativa de la Universidad de Oviedo para conmemorar este año el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Echan la vista atrás y encuentran un sentimiento común: el «orgullo». Por lo avanzado, por las metas profesionales alcanzadas, por los frutos de su trabajo.

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Como los cosechados en la última década por el grupo de investigación que Adonina Tardón creó en 2001 -«y que contó desde el principio con financiación de la hoy Fundación Liberbank»- para estudiar por ejemplo el cáncer de vejiga y pulmón en la población asturiana. Este último, el estudio Capua, determinó cómo influyen la exposición a tóxicos en el trabajo y la contaminación atmosférica en el desarrollo del cáncer de pulmón y «ahora está dentro de los consorcios de la agencia internacional de investigación en cáncer y se tiene en cuenta a la hora de promover medidas de protección de los trabajadores». Esta década también ha sido la del desarrollo de «la niña de mis ojos»: la cohorte INMA, un estudio con embarazadas en el que se trata de medir cómo la exposición prenatal a la contaminación ambiental puede influir en el desarrollo, el comportamiento y la salud de los niños». Tras catorce años de investigación, «estamos valorando la asociación de los compuestos orgánicos persistentes que la madre transmite al hijo por la sangre del cordón y la placenta con la obesidad y el síndrome metabólico en los niños a los once años de edad». Y lo hacen «casi seguras» de que verán confirmadas sus hipótesis.

«A lo largo de estos diez años hemos hecho muchas cosas que hacen que me sienta realmente satisfecha de haber tomado la decisión de afrontar este puesto», confiesa la directora de la Politécnica de Mieres del trabajo realizado junto con un equipo de dirección que ya considera «una pequeña familia». Dice que desempeñar el cargo que ocupa desde 2012 no le ha supuesto renuncias en lo doméstico (es madre de dos hijas), pero sí algún que otro sinsabor. Ahora lo recuerda como una anécdota, pero, en su momento, recibir «anónimos amenazantes de alto contenido machista o críticas que jamás se hubieran hecho, o al menos no en ese tono, si hubiera sido un hombre» fue un duro trago.

Le queda la espinita de que, en la última década, la presencia femenina en las carreras tecnológicas no haya despegado. «La sociedad interpreta que son altamente masculinas y eso influye en la orientación de las niñas hacia otros campos a pesar de la buena inserción en el mercado laboral de estas profesiones». Es más, «las empresas demandan cada vez más perfiles tecnológicos femeninos». Pero se encuentran con que apenas hay mujeres ingenieras.

Lo sabe bien Mar Alonso, que se estrenó como docente precisamente en la Politécnica de Mieres en 2014, con tan solo 27 años. «Me conocían como 'la profesora joven'. Cuando iba a conserjería a por las llaves del laboratorio me decían que tenía que ir el profesor», bromea.

Natural de La Espina (Salas) descubrió su vocación investigadora a los pocos meses de comenzar su tesis en el área de Ingeniería de la Construcción, un trabajo dirigido por el catedrático Juan José del Coz que completó en un tiempo récord gracias a que «tuve una orientación crucial». «Los compañeros me ayudaron mucho y las líneas de investigación estaban muy enfocadas. Al final, yo solo tuve que dedicarle horas», cuenta. A la docencia, como a la investigación, llegó por casualidad y ahora no entendería su vida sin ellas.

 

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