La muerte de Máximo Llamedo deja huérfano al piragüismo asturiano

Fueron muchas las personas que se acercaron ayer al tanatorio de Arriondas a apoyar a la familia. /
Fueron muchas las personas que se acercaron ayer al tanatorio de Arriondas a apoyar a la familia.

El presidente honorífico de Los Rápidos, un histórico del Descenso del Sella y miembro de una saga ligada a la piragua, falleció ayer a los 81 años

JUAN GARCÍA ARRIONDAS.

Arriondas y el concejo de Parres, el Oriente de Asturias y el mundo de la piragua lloran la muerte de Máximo Llamedo, el Presidente Honorífico de Los Rápidos. Llamedo falleció a los 81 años de edad a primeras horas de la mañana de ayer después de un fin de semana muy complicado para su salud. Dice adiós un hombre íntegro, una de las personas más impecables nacidas en el concejo de Parres. Un parragués de corazón, un sellero de pies a cabeza, un histórico en la Fiesta de las Piraguas, padre de dos campeones (Maxi y Emilio Llamedo en 1984) y abuelo de otro que también quiere serlo, Milin Llamedo. Su nombre quedará para siempre inmortalizado a la vera del Sella. La nueva piragüera de Los Rápidos, su segunda casa, lleva su nombre. Una instalación y un histórico club que se quedan huérfanos de padre. El actual presidente, Alberto Cuadriello, lo expresaba con claridad: «Se nos fue el más grande. Para todos nosotros la persona más querida en el club. Una persona que siempre ha sido y seguirá siendo nuestro presidente». Cuadriello agradeció «todo lo que hizo por nosotros, por ese motivo siempre estará en nuestros corazones y siempre seguiremos haciéndole caso». Se refería a una de las típicas frases de Máximo Llamedo, aquellas expresiones que le han definido como una persona intachable: «Cuidaime ese piragües que nos son cuchu», les decía a sus pupilos.

El funeral por su eterno descanso será hoy martes, 24 de junio, a las 13 horas en la iglesia parroquial de San Martín de Arriondas. Posteriormente sus restos mortales serán trasladados al cementerio parroquial de la capital parraguesa. La capilla ardiente quedaba ayer instalada en el tanatorio de Arriondas. Por allí se pasaron multitud de personas. Máximo Llamedo no tenía enemigos, «era la bondad infinita», afirmaban algunos de los presentes. Como piragüista fue mediocre. Según reconoció en más de una ocasión, «me costaba llegar al puente de Ribadesella», pero supo guiar a la perfección los destinos de Los Rápidos. Además, al igual que toda la saga Llamedo, fue un gran aficionado a la pesca del salmón y un emprendedor que, de la nada, creó una pequeña empresa familiar de la que ahora tiran sus dos hijos. Una empresa de transportes y contenedores que lleva el nombre de esta gran familia que en los últimos años ha perdido a varios de sus miembros. Entre ellos el que fuera presidente del CODIS, Emilio Llamedo o el ilustre Ramón Llamedo 'EL Roque', hermanos de Máximo.