Color y calor para la Virgen de la Paz en Bricia

A la concurrida procesión salieron los gaiteros, los ramos, las aldeanas y las andas de la Virgen de la Paz. /
A la concurrida procesión salieron los gaiteros, los ramos, las aldeanas y las andas de la Virgen de la Paz.

El disparo de voladores abría una actividad que contó con pasacalles, misa, procesión, bailes regionales y subasta de los panes de los ramos

GUILLERMO FERNÁNDEZ

En una mañana soleada de invierno la localidad llanisca de Bricia celebraba ayer con brillantez y lustre el día grande de sus festejos en honor a la Virgen de la Paz. Despertados por el disparo de cohetes, los lugareños desarrollaron un dilatado programa de actos que incluyó pasacalles, misa, procesión, ofrecimiento de los ramos, subasta de los panes y festival folclórico con acompañamiento de gaita y tambor.

Decenas de mozos y mozas, ataviados de porruano y llanisca, se reunían a mediodía en el barrio del Alloru, junto a la Casa de Concejo, para trasladar los tres ramos hasta la humilde capilla de la Virgen de la Paz. Abría el cortejo la banda de gaitas Picos de Europa, llegada desde Cabrales con ocho gaiteros y cinco percusionistas bajo la batuta de Héctor Braga. Tras los gaiteros aparecían tres ramos repletos de rosquillas dulces y pan artesanal. De llevar el de los niños se encargaban Mar Pariente, Francisco Inguanzo y las primas Sara Canto Villa y Olaya Morán Villa. El ramo con porteadores de edad muy diversa lo trasladaban Felipe Villa, Sergio Sordo y los hermanos Unai y Nacho Ruenes. Y la pirámide de panes de los veteranos descansaba en los hombros de Miguel Somoano, Miguel Valero, Ramón Villa y Antonio Balmori.

Por detrás de los ramos se presentaban tres decenas de mozas ataviadas de llanisca y tañendo con ilusión sus panderetas al contrapunto de un tambor en manos del entusiasta Javier Rozada. Un elevado número de vecinos acompañaba a la comitiva.

De oficiar la misa se encargó el sacerdote Aurelio Burgos y al finalizar la función religiosa se preparó una concurrida procesión que recorrió las bien cuidadas calles de los alrededores de la ermita. Del cortejo formaban parte la banda de gaitas cabraliega, los tres ramos y las aldeanas. Y a su estela marchaban las andas de la Virgen de la Paz en cuyos varales oficiaban como voluntarios costaleros Miguel Villaverde, Álvaro Velasco, Fernando Ruenes y José Villa.

Al concluir la procesión, las mozas entonaron las tradicionales coplillas del ofrecimiento del ramo y sin un minuto para el descanso, Felipe Villa, encaramado en una escalera de piedras centenarias, daba comienzo a la subasta de los panes del ramo. Los numerosos vecinos allí presentes mostraron generosidad y no tuvieron inconveniente en sacudirse el bolsillo para colaborar con la fiesta.

La mañana festiva en la localidad de Bricia, cuando las manecillas del reloj se acercaban a las tres de la tarde, se daba por terminada con un selecto festival folclórico en el que los vecinos, acompañados a la gaita por Julián Herrero y al tambor por Lorena Borbolla Cue, interpretaron las jotas de Cadavedo y el Cuera, el Xiringüelu de Naves y el Pericote.

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